MARIA CALCAGNO
Cada año, en el mundo mueren, por accidente y enfermedades de trabajo, 2.5 millones de personas, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), afirmó en la UNAM, Thomas Wissing Pfeiffer.
El coordinador de Programas de Cooperación Técnica de la OIT para México y Cuba, sostuvo que en los últimos 10 años la tasa de decesos por eventualidades se redujo; no obstante, la mortandad por padecimientos relacionados (cáncer por exposición a sustancias químicas, problemas pulmonares o afectaciones respiratorias, o estrés y m al es cardiovasculares), va a la al z.
Al dictar la conferencia Hacia un trabajo seguro. Conclusiones del Congreso mundial sobre seguridad e higiene en el trabajo: Corea 2008, refirió que existe un problema de registro y notificación. Así, ese organismo estima que a escala mundial con muchas diferencias entre países, se reporta sólo el 20 por ciento de los casos.
En al auditorio Fernando Ocaranza de la Facultad de Medicina, señal ó que en el orbe se emplean 2.8 mil millones de personas; en América Latina, 219 millones. A escala global se registran 270 millones de accidentes de trabajo, 350 mil son fatal es; en nuestra región hay 30 millones, 40 mil letal es, y en México se detectan, al año, un promedio de mil 50 muertos.
Asimismo, a lo largo del planeta se presentan 160 millones de casos de enfermedades labor al es y 2.2 millones de fallecimientos derivados de ellas; esta cifra, aunada a las 350 mil defunciones por eventualidades, dan un total de 2.55 millones de decesos relacionados con el trabajo, añadió Thomas Wissing.
Eso significa pérdidas irreparables para las familias, pero también una fuerte merma del poder económico, equivalente al cuatro por ciento del Producto Interno Bruto mundi al , al 10 por ciento del latinoamericano, y al seis o siete del mexicano.
En territorio nacional, refirió, cada año se registran 380 mil accidentes, más de mil son mortal es y unos 500 se relacionan con 10 de las 276 actividades económicas. Entre los sectores más peligrosos se encuentran la minería, la construcción, el transporte y la pesca.
Se presentan, además, más de mil incapacidades diarias por afecciones o incidentes, que representan siete millones de días de trabajo perdidos, más de una tercera parte, se concentra en esas mismas actividades.
Del total de los asalariados mexicanos, 44 millones, sólo 35 ó 40 por ciento tiene acceso a algún tipo de seguridad social como el IMSS, ISSSTE o Seguro Popular, entre otros; el resto no tiene cobertura médica, abundó el experto.
Otro problema es que en el país sólo se cuenta con 270 inspectores feder al es para reducir los riesgos labor al es, encargados de supervisar a 800 mil empresas registradas, sin contar talleres familiares o granjas.
Aquí, el reto es enorme, puntual izó, pues existe duplicidad y traslape de competencias y funciones entre las autoridades; predominan las acciones correctivas sobre las preventivas, aunque la atención de un accidente o enfermedad es cinco veces más cara que las medidas de precaución.
Además, el marco normativo es complejo, los recursos para la prevención de riesgos laborales son insuficientes, así como los incentivos para llevarla a cabo; todo esto se suma al subregistro, dijo Wissing.
Antes, sostuvo, si se observa en qué contexto se desarrolla el tema de la seguridad en el trabajo, es necesario hablar de la globalización, que se manifiesta a través de procesos de integración económica.
La competitividad internacional conlleva, a veces, al sacrificio de la s al ud y de la seguridad en el empleo. “De ahí se derivan prácticas de explotación en detrimento de los trabajadores”.
Pero la globalización también trae oportunidades, reconoció. Los estándares para temas de salud y de seguridad referentes se armonizan en forma paulatina, y existen esfuerzos internacional es para incorporarlos en acuerdos comercial es entre naciones. También se ha dado una mayor preocupación de las empresas para prevenir riesgos, final izó.