
Por Rubí Ritchie
Como recordarán queridos lectores, el presidente Barak Obama, luego de anunciar una mega ayuda a Haití, incluidos 100 millones de dólares y 10.000 efectivos para garantizar la seguridad, por el terremoto que sacudió a ese sufrido, hizo hincapié en que “una larga historia vincula a nuestros dos países”.
Una de las razones por la que la toma de posesión de Obama como presidente de Estados unidos causó tanta simpatía a nivel internacional fue el deseo y la esperanza de que esa potencia deje de tratar de apropiarse de las naciones, imponiendo gobernantes y reglas que reafirmen una y otra vez a ese país como el gendarme y el más poderoso del mundo.
Hurgando en el pasado, Estados Unidos más que ayudar a Haití, ocupó a ese país. La presencia militar norteamericana de 1915 a 1934 agravó su pobreza. Previamente a este suceso, Thomas Jefferson presidente de Estados Unidos en 1801 abasteció a la flota francesa comandada por Napoleón porque temía que la rebelión Haitiana venciera al gobierno francés y el ejemplo haitiano cundiera por otros esclavos allende ese país.
Muchos años después en 2004, el presidente haitiano Jean-Baptiste Aristide fue derrocado por paramilitares que entraron a Haití desde Santo Domingo. Varios de sus jefes habían sido entrenados durante años por las Fuerzas Especiales estadounidenses basadas en Ecuador.
Por la larga historia de intervenciones no sólo en Haití sino en diversas naciones, hoy mucha gente se cuestiona si el objetivo principal de Estados no es ayudar a Haití ,sino mas bien, invadir militarmente esta nación, ya que constituye un punto estratégico en el continente. O si a la menor provocación justifique el quedarse en tierra haitiana lo que no sería algo ajeno a la praxis norteamericana.
Sin embargo, debido a la grave situación por la que atraviesa Haití, obviamente ese país no tiene otra alternativa más que abrir los brazos a la mega ayuda que ofrece el país más rico del mundo: Estados Unidos; creer que Obama es un presidente diferente a la mayoría de sus antecesores y que sus palabras respecto a Haití son sinceras: “Ustedes no quedaran desamparados, el mundo está con ustedes”, sin tener intenciones ocultas. (24 de enero de 2010)
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