Quizá fue su cara de pena por no poder darles ni siquiera un peso partido por dos, pero la familia dejó en paz al canino, no sin antes bendecirlo por ser pobre pero noble, para irse en busca de peatones más prometedores, lo cual, lejos de aliviar al perro, sólo lo sumió en pensamientos de tristeza ante las injusticia de un mundo que se ensaña con la gente noble.
Agobiado por la impotencia, el can decidió tomarse un humilde cafecito de cinco pesos en el Oxxo de la esquina, cuando sorpresivamente hizo su aparición la misma familia, pero esta vez no le pidieron dinero a los clientes, sino que por el contrario, mientras la madre acomodaba a sus niñas en la zona de comedores, su esposo procedió a comprar toda clase de alimentos prefabricados, los cuales degustaron con visible deleite.
Apenado por la aparición, pero aliviado porque la familia pudo al menos comer algo antes de emprender el viaje, el perro no pudo reprimir un gesto de sorpresa cuando la madre le comentó al padre que aún les quedaban mil pesos, más que suficientes para pagar el taxi de regreso a la casa, no sin antes pasar por el mercado de Molinos a fin de comprar filetes de pescado fritos y pañales para la más pequeña de las niñas.
Acostumbrado a las historias de los limosneros que cuando morían solitarios en las calles de las grandes ciudades después se descubría que en realidad eran millonarios, el perro no pudo evitar acercarse a la familia para saludarlos y preguntarles si ya tenían el dinero para volver a Toluca.
Sin sobresaltarse, tanto el hombre como la mujer recordaron inmediatamente al preguntón, al cual, sin ningún tono de malicia, le ofrecieron una de las hamburguesas que acaban de comprar, tras explicarle que “si Dios lo da, lo da en abundancia y para bien de todos los hombres”.
-Pues a Toluca ya no vamos hermano. Y es que Dios todopoderoso ya nos ayudó a vivir este día, y en gratitud regresamos a nuestro verdadero hogar, que está en el camino al pueblo del Ajusco, subiendo por la carretera federal a Cuernavaca. Donde por supuesto tienes también tu casa.
-Muchas gracias, pero debo entender que lo de la feria era un simple pretexto para pedir dinero.
-Por supuesto -contestó la mujer- pero no pedimos más de lo que nos pueden dar y por supuesto que no violentamos a nadie, sino que simplemente hacemos que se cumpla la voluntad del señor, que nos permite así comer y educar a nuestras hijas. Ya que nosotros tenemos muchos años que dejamos el vicio.
El rostro del can debió transmitir tal grado de sorpresa, que la mujer agregó sin mediar palabra:
“Yo me llamo Dolores, y durante más de 10 años me tiré al vicio de la peor manera que te puedas imaginar. Manuel, que es mi compañero, porque no estamos casados aunque tenemos más de 11 años de estar juntos, me acompañó en mis peores momentos, pero lo más cagado de todo es que nos conocimos en Tepito porque era el sitio a donde íbamos a comprar mota, perico y heroína, pero eso, sí, cada quien por su lado”.
-¿Y cómo dejaste el vicio?- señaló el perro visiblemente interesado
-El vicio sólo se deja cuando ya llegaste a lo más bajo que puedas –contestó por su parte Manuel. Es entonces cuando sólo un milagro te puede ayudar a reaccionar.
-Deja que yo le cuente –interrumpe la mujer. Durante muchos años me metí heroína. Llegó a tanto mi vicio que como ya no tenía venas buenas para poder inyectarme me picaba directamente al cerebro a través del parietal. Pero era tal mi cruda, mi maliña, que ya ni siquiera la disfrutaba. Y estaba yo al borde de la muerte, sin comer durante días y sin poder moverme, cuando este cabrón se apareció en el cuartucho del hotel de quinta donde vivía y me dijo: “Dios me pidió que te dijera que ya pares de sufrir”.
-¿Viste a Dios Manuel? –señaló el can.
-Para nada –reviró el hombre- fue la Lola la que tuvo la visión, aunque en un principio pensó que era una alucinada. ¿Verdad mi negra?
-Eso es cierto –agregó la mujer-. Iba caminando a comprar vicio a Tepito, muy sacada de onda porque había alucinado que una voz me gritaba desde el cielo que ya era hora de reaccionar y volver al rebaño, cuando se me cruzó un ruco que llevaba un letrero que decía “Pare de sufrir”. Cuando le comenté al ñor que acaba de oír esa frase, el me dijo, sin haberlo visto nunca antes: “Lolita, ya es hora de que reacciones y vuelvas al rebaño”.
-Me imagino tu sorpresa.
-No hombre, me cagué en los pantalones de la impresión. Dios en persona bajo a la tierra para pedirme que recapacitara. Se lo conté a Manuel y este hombre, que es a todo dar, me comentó: “yo también escuché a Dios que me pedía acabar con este maldito vicio. Vente a vivir conmigo e intentemos salir adelante los dos”.
-¿Y de allí comenzaron a talonear?
-Fíjate que al principio no –explica Lola-. Tratamos de trabajar de lo que habíamos estudiado, ya que el es contador y yo periodista, pero mientras a él le pagaban una miseria, a mi siempre me acababan pidiendo las nalgas, o ya de perdis que aprendiera otro idioma
-¿Cuál idioma?
-Francés. Mucho francés, y pos la verdad no. El es mi hombre, me quiere, me respeta y es el padre de mis hijas, además de que me ayudó en momentos muy duros, y por un miserable aumentito de sueldo no le voy a poner los cuernos. Yo le dije: “Manuel, si de viciosos nos alcanzaba con talonearle para comprar la droga, pos ya en nuestro juicio y tratando de ayudar a nuestra prole, con más razón nos tiene que ir bien”.
-¿Y funcionó Manuel?
-Pues ya llevamos cinco años viviendo del talón, pero del talón fino. Es decir, si nos ves bien te darás cuenta que no traemos harapos ni ponemos cara de jodidos. Contamos la historia del robo de la cartera en Chapultepec y la gente nos cree y nos coopera. Sobre todo ahora que dos de las niñas están grandes y pueden echarnos la mano diciendo que se asustaron mucho cuando vieron a los rateros armados y cosas por ese estilo que impresionan mucho a los futuros cooperantes.
-Entonces, ¿Dios proveerá?
-Por supuesto -señala Manuel. Pero no pedimos para vicio o andamos de rateros moliendo a la gente. Simplemente buscamos sobrevivir y sacar adelante a la familia. Además, en gratitud leemos la Biblia todos los días y la analizamos durante horas antes de dormirnos, porque sólo en la palabra divina del señor está la respuesta a todo, incluso a lo que parece que no tiene explicación. |