PATA DE PERRO
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Columna por un Momento
ParadigMas

 



Inconsciente colectivo

Heráclito

26/05//09

RAMIRO GÓMEZ-LUENGO

Refugio de los melancólicos y quizás último vestigio de la otrora región más transparente del aire, los Dinamos de Contreras guardan como tesoro invaluable e irrepetible en el seno de sus entrañas el último río vivo del Distrito Federal, el cual, pese al avance inexorable de la mancha urbana, aún conserva la pureza de sus aguas, cuyo murmullo parece no sólo aquietar el alma, sino también ahuyentar los fantasmas de una muerte anunciada que nunca acaba de llegar.

Avenida R ío Mixcoac, Río Consulado, Río Churubusco, Río de la Piedad, Canal de La Viga, Canal de Miramontes (Plutarco Elías Calles), Río Becerra, Río Santa Lucía, División del Norte (Agua de Xochimilco), Río San Ángel, no son sólo nombres de avenidas de la gran capital, sino también el recuerdo constante de que bajo el asfalto de dichas arterias viales corre un pasado oculto, enterrado, o mejor dicho...entubado.

Todavía a principios del siglo XX la entonces provinciana y risueña capital mexicana tenía infinidad de ríos que servían a la agricultura, el abastecimiento de la población y al funcionamiento de las plantas hidroeléctricas que daban energía a los molinos y la industria textil.

En aquella época nuestras siempre improvisadoras autoridades no valoraban el papel que esos cuerpos de agua cumplían en el mantenimiento del ecosistema capitalino, además de que la ciudad empezó a crecer anárquicamente, por lo que dejaron de ser un elemento agradable del paisaje desde el momento en que sus cauces fueron utilizados como depósitos de basura o, peor aún, receptáculo de las aguas negras de las casas construidas en sus inmediaciones.


Mi último fracaso

La Reina del Camino

Inconsciente colectivo


Hacerse rosca

Tere y la voz de
María Sabina



El Capitán



La Reina de las Carpas

 

Pronto se convirtieron en fuentes de contaminación y malos olores, sin olvidar que durante la temporada de lluvias el desbordamiento de sus aguas generaba destrucción de propiedades e incluso pérdida de vidas humanas.

Fue entonces que las autoridades optaron, literalmente, por mandarlos por un tubo, y echarles encima varias capas de tierra y asfalto con la aviesa intención de aprovechar sus cauces para la construcción de vialidades “rápidas” y poder así introducir de manera descarada el uso y abuso del rey de la capital: el automóvil.

El efecto inmediato fue la pérdida del agua que aportaban a la ciudad, que si bien no hubiera sido suficiente para cubrir las necesidades de la creciente población chilanga, su conservación habría permitido la reducción de la dependencia de fuentes externas y subterráneas.

Prueba palpable de que la estupidez es patrimonio de toda la humanidad, sin distingo de raza o credo, varias ciudades  del mundo hicieron con sus ríos lo mismo que las autoridades capitalinas, ya que también consideraron que dichos cuerpos de agua eran un obstáculo para la urbanización.

Empero, Nueva York, Seúl, Chicago o Santiago de Chile, decidieron en años recientes echar atrás las manecillas del reloj, y optaron por revivir sus olvidados cauces acuíferos llegando incluso a destruir vialidades para poder disfrutar de nuevo de los beneficios ambientales de los ríos.

Venecia chilanga

 

¿Y por qué el águila no habría de alzar nuevamente el vuelo?, se dijo el perro convencido de que en la ciudad de México sería posible empezar por el rescate del Río de la Magdalena Contreras, que a pesar de ser un cauce vivo, ya que la mayor parte se encuentra a cielo abierto, aún permanece oculto a la vista de la mayoría de los habitantes del Distrito Federal.

Con una extensión de 28.2 kilómetros, el río de la Magdalena nace en la sierra de Las Cruces, a 3 mil 600 metros de altura, en las faldas del cerro La Palma, y desciende por una imponente cañada que lleva el nombre de Contreras, aunque todo el mundo conoce la zona como el Bosque de los Dinamos.

Si bien en el suelo de conservación el río se encuentra a cielo abierto y sus aguas permanecen en buen estado aportando 200 litros por segundo de agua a la población local, en la parte urbana los 8.8 kilómetros de cauce visibles reciben la descarga de aguas residuales y basura que lo convierten en un drenaje a cielo abierto durante todo el año.

A lo largo de 4.5 kilómetros, previo paso por la presa Anzaldo, el río está entubado y funciona como vialidad en las avenidas Río Magdalena y La Otra Banda, cruzando Revolución Insurgentes y Universidad hasta los Viveros de Coyoacán, donde nuevamente es posible mirar su cauce poco antes de que se integre al curso subterráneo del río Churubusco.

Integrante del club de los melancólicos que gustan de ir a meditar al último Dinamo, donde el fluir del Magdalena confirma lo que Heráclito dijo de que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”, Manuel Perló, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC), le revela al perro de aguas que su institución coordinó el diseño de un plan maestro que reúne las aspiraciones de diversos actores académicos, sociales y de gobierno con una meta en común: devolverle a los habitantes del DF un río a cielo abierto limpio, que sea un patrimonio histórico restaurado, fuente de diversidad biológica, de actividades recreativas y que, además, favorezca el tratamiento y rehúso de agua residual para fines no potables.

“Estudiamos la historia del entubamiento de los ríos, documentamos la experiencia de otros países en la recuperación de estos cuerpos de agua y planteamos la idea de llevar a cabo un proyecto similar en la capital”, explica Perló.

Según Perló, el Plan Maestro del Río Magdalena contempla las siguientes metas:
“Limpiar el río de basura y aguas residuales mediante la remoción permanente de residuos sólidos y la construcción de tres plantas de tratamiento con una capacidad total de 180 litros por segundo.

“Preservar uno de los bosques de agua más importante del DF mediante la reforestación, la protección de la vida silvestre y la restauración de los suelos. Desarrollar uno de los parques lineales más grandes de Iberoamérica.

“Impedir el crecimiento urbano en el suelo de conservación de la cuenca del río y ofrecer alternativas económicas a las comunidades rurales compatibles con la protección de la naturaleza, así como impulsar programas de educación ambiental”.

-¿Casi nada eh?

-Sí, parece una misión imposible, pero quien quita y el águila vuelve de nuevo a alzar el vuelo.

rluengo4@hotmail.com      

 

Mi último fracaso

15/05//09

RAMIRO GÓMEZ-LUENGO

Era el perro pequeño aún cuando aquel local de apenas 25 metros cuadrados, y que se llamaba malamente accesoria,  finalmente volvió a ocuparse, esta vez como una simple tienda que además de vender cigarrillos y refrescos fríos, tenía el atractivo para todos los niños del barrio de que ofertaba también frituras y dulces.

Ubicada exactamente a mitad de su cuadra, el perrito y sus amigos pensaron de inmediato que ojalá los nuevos marchantes se hubieran hecho una buena limpia antes de iniciar su negocio, por aquello de que dicho local ya había sido dedicado a por lo menos cuatro giros distintos en los últimos cinco años, los cuales fracasaron estrepitosamente antes de cumplir los cinco meses.

Extrañamente rubio, espigado y de ojos azules, el matrimonio güero llamó de inmediato la atención en aquel barrio de prietos de la Portales no sólo porque don Tato, el esposo, y doña Chabela, la  esposa, eran idénticos como dos gotas de agua, sino también porque durante todo el tiempo en que manejaron aquella tiendita jamás se vio a ninguno de los dos hacer un comentario jocoso o de plano esbozar una sonrisa.

Para el entonces cachorro metiche era todo un misterio saber por qué aquel matrimonio, al cual podía observar desde la ventana de su departamento, ubicado exactamente en frente de la tiendita, siempre estaba serio y taciturno detrás del mostrador a la espera de clientes, mientras de un viejo radio que sólo sintonizaba AM se desprendían nostálgicas notas de boleros interpretados por Los Panchos, Pedro Vargas o Toña la Negra.
Aquélla melancólica atmósfera de la tiendita de en medio sólo se veía interrumpida cuando hacía su aparición Tita, la única hija del matrimonio rubio, quien pese a no tener más de 15 años cortaba el aliento de los muchachos del barrio debido a que poseía un cuerpo esbelto perfectamente desarrollado, enmarcado por una larga cabellera pelirroja y unos ojos verdes claros que sólo la hacían lucir como una auténtica flor de sensualidad en aquel silencio de trastienda.

Quizá porque este mundo no soporta tanta perfección, debido a que es imposible desafiar a las leyes del universo que imponen la compensación como único camino del equilibrio que sustenta el caos, aquella belleza sólo visitaba a sus padres en la tiendita los fines de semana porque estaba internada en un instituto psiquiátrico, ya que padecía retardo mental, lo cual no le impedía quedarse a veces a cargo del negocio, a causa de que sus padres solían en esos días desaparecer durante horas.

Huelga decir que sábados y domingos la tienda, casi siempre ausente de clientes, se convertía en una romería de adolescentes, y uno que otro adulto, quienes con el pretexto de consumir un refresco se quedaban durante horas en el negocio para extasiarse viendo a la belleza adolescente, la cual, sumida en su propia realidad, no reparaba en que sus vestidos cortos, así como sus blusas escotadas, no hacían más que despertar la lujuria de esa jauría.

Era común que aquellos clientes de fin de semana, todos puestos de acuerdo y ahogados en carcajadas, le pidieran a Tita productos que sabían que para poder alcanzarlos debería darse la vuelta y subirse en algún banco, lo cual daba pie para que la muchacha mostrara sin ningún recato su ropa interior.

Peor aún era cuando le solicitaban productos que estaban en la parte baja del mostrador, ya que Tita, pese a tener un busto muy desarrollado, no usaba sostén debido a que padecía cierta alergia por ser muy delicada de piel, lo cual generaba que cada vez que se agachaba enseñara sus blancos senos, coronados con unos pezones de un rojo carmesí que hacían el delirio de los mirones.

Menos interesadas que los hombres en el espectáculo visual, muchas de la vecinas, quienes decían que la Tita era una piruja “más fácil que la tabla del 1”, se aprovechaban de aquella situación para sustraer productos de los exhibidores que estaban colgados a la entrada de la tienda, despachándose en grande con las bolsas de papitas, cacahuates o galletas, “cortesía de la tonTita”.

Sólo la llegada del matrimonio rubio ponía fin al show, pero don Tato, lejos de enojarse con lo que parecía ser algo demasiado obvio como para ignorarlo, simplemente se conformaba con preguntarle a la muchacha si no había pasado nada, y jamás le cuestionaba por los faltantes de productos, como si aquello fuera parte de los avatares de tener una tiendita.


La Reina del Camino

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Tere y la voz de
María Sabina



El Capitán



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El Boni fue el primero de la pandilla de la cuadra en presumir que no sólo se había dado un taco de ojo con Tita, sino que además, aprovechándose de la ausencia de sus padres y de los infaltables mirones, se la llevó un sábado al fondo de la tiendita, en donde la manoseó a cambio de la promesa de regalarle un osito de peluche.

Pero fue el Trevi, pandillero de rompe y razga temido en toda la colonia y quien por ese entonces tendría unos 35 años, el que la convenció de tener relaciones sexuales a cambio de sacarla del instituto psiquiátrico, lugar que Tita odiaba debido a que en este la alimentaban con sobras y era sometida a terapias de electroshock, aunque después revelaría que también era constantemente violada tanto por los enfermeros como por el personal de seguridad.

“Nombre, qué mujercita por Dios me ando echando al plato. Digo, se supone que está medio loquita, pero si vieran ....”, señalaba con abierta alegría el Trevi mientras contaba sus andanzas románticas con la Tita a los chamacos de la cuadra  “pa’ que aprendan y se hagan hombrecitos”.

-¿Y por qué chingaos nos presumes todo lo que le haces a la mensita? –le espetó una vez el perro, quien no aguantaba la idea de que el macuarro más macuarro, ignorante y feo del barrio pagara con hociconerías la intimidad que le brindaba aquella belleza extraviada.

- Por el puro gusto de darte tema para que te hagas unas buenas ‘chaquetas’ en honor de tu vieja, pinche chamaco pendejo -contestó el Trevi generando las risas de toda la pandilla, mientras le dirigía al perro una mirada que no dejaba duda de que la siguiente interrupción sería contestada a punta de madrazos.

Pero el Trevi no sólo siguió con sus habladurías, sino que incluso en más de una ocasión el perro pudo ver desde su ventana como éste bajaba la cortina de la tiendita para meterse al fondo de la misma acompañado de por lo menos tres de sus amigotes, con los cuales se daban vuelo sometiendo a Tita a toda clase de actos sexuales, los cuales eran posteriormente narrados con pelos y señales por el pandillero.

Sin embargo, no fueron las anécdotas del Trevi las que forzaron a que un día la tiendita no abriera su cortina, sino los chismes de doña Alicia, la casera del matrimonio güero, a quien se le hizo fácil comentar un día en la cola de las tortillas que al hacer la investigación de sus inquilinos para firmar el contrato de arrendamiento se dio cuenta de que estos no sólo no tenían referencias crediticias, sino que incluso se habían cambiado de domicilio por lo menos unas seis veces en los últimos cinco años, lo cual le despertaba sospechas de que fueran delincuentes que necesitaban ocultar sus identidades y encubrir sus verdaderas actividades.
Fue por esas fechas que al perrito le tocó lanzarse a la tiendita por los refrescos para la comida familiar, situación que le brindó la oportunidad de platicar por primera y última vez con don Tato, quien, para variar, se hallaba sumido en la total contemplación mientras escuchaba el bolero de Los Panchos: Miseria.

-¿Ustedes son extranjeros verdad?

 –le espetó el perrito al hombre de la nostalgia cuando este, sentado en un banquito atrás del mostrador, le daba un golpe a su cigarro y entornaba sus ojos azul-cielo mientras tarareaba:

Caminé,
con los brazos abiertos,
por hallar un cariño, una sola amistad;
y que es lo que tengo,
tu que me diste,
tan sólo mentira,
cansancio, ¡miseria!;
miseria que llevo en la vida,
hace mucho tiempo;
como una tragedia escondida
en mi sufrimiento.

-¿Es que estamos hablando en alemán? –contestó visiblemente turbado, lo cual no le impidió seguir tarareando, casi como si rezara:   
 
Migaja de besos,
limosna de todo,
es lo que me has dado,
como a un ser malvado,
como a un criminal;
miseria que llena de espanto
porque no me quieres,
miseria que es odio y es llanto
porque sé quién eres.

-Es que nunca había conocido personas tan güeras y viviendo todas juntas –reviró el perrito, quien estaba seguro de que sus palabras ni siquiera eran oídas, debido a que don Tato se levantó a subir el volumen de la radio para escuchar el final de la canción: 

Quién sabe hasta cuándo
viviré esperando,
que cambie mi suerte;
o venga la muerte,
como bendición.

-Pues tú también eres bastante blanquito chaval –señaló el hombre del pasado.

-Sí, pero yo soy de Portales.

Lo que parecía que sería una incontenible risotada por parte de don Tato se transformó de repente en una mueca de dolor y angustia cuando empezó a escucharse el bolero Mi último fracaso:

Es mi destino vivir así,
triste agonía vivir sin ti.
Me siento perdido en este mundo
y mi último fracaso será tu amor.

Como fulminado por un rayo, el hombre nostálgico subió aún más el volumen de la radio y se dirigió hacia donde estaba su esposa, con la cual se abrazó mientras ambos tarareaban la canción en medio de sollozos:

Sé que tú no quieres
ya jamás volver a estar cerca de mí,
que no te importa mi manera de vivir
ni te interesas más por mí.
Sé que aunque yo muera
tú jamás podrás saber lo que sentí
en mi agonía de vivir lejos de ti,
llorando estoy.

Sintiéndose completamente fuera de lugar, el perrito depositó el dinero de los chescos en el mostrador y salió de aquel extraño sitio envuelto en las últimas estrofas de aquella canción que se le hacía lenta y aburrida, aunque con una letra misteriosa:

Tú serás mi último fracaso;
no podré querer a nadie más.
Ya te perdoné porque lograste
hacer feliz mi corazón,
y aunque no vuelvas a brindarle tu calor,
tuyo es mi amor.

Tan solo unos días después la tienda ya no abrió sus puertas y la verdad sobre aquella extraña familia saltó a la luz gracias a los oficios de la casera, quien tras contactar a unos parientes lejanos de don Tato se enteró, “con horror y asombro”, de que éste y doña Chabela no eran mexicanos, sino españoles, que habían escapado muy jóvenes de su hogar y que no sólo no estaban casados, sino que eran además hermanos.

Y aunque el perro era un cachorro, entendió de inmediato  porque el matrimonio prohibido no hablaba con nadie, porque cambiaron tantas veces de domicilio, pero sobre todo por qué aquella flor pelirroja que tanto se le metió en el corazón se marchitó antes de florecer.

Aunque muchos años han pasado, cada vez que el perro vuelve al departamento de sus padres en la Portales no puede evitar asomarse a la ventana para contemplar la tienda del infortunio, que jamás volvió a levantar de nuevo su cortina y en cuyo frente aún se puede leer, pese al paso inclemente del tiempo y los elementos: Mi último fracaso. Refrescos fríos y cigarros.

rluengo4@hotmail.com 

 

La Reina del Camino

08/05//09

 

Pudo haber sido una extraordinaria doctora, pero tras dos años de ejercer la profesión de médico cirujano en su natal Celaya, Guanajuato, Miriam Ochoa Gallardo decidió hace más de dos décadas dejar atrás el bisturí y ponerse al volante de un tráiler doble salchicha para transportar más de 60 mil toneladas de diesel, gasolina o turbosina.

A sus 45 años de edad, Miriam no sólo es la única mujer en todo México que cuenta con la licencia tipo E que le permite transportar material peligroso por las carreteras del país, sino que además se da tiempo de atender a sus dos hijos y su marido, a quienes dedica en promedio seis días al mes, cuando no está ocupada haciendo entregas.

Miriam despierta siempre la admiración tanto de colegas como de simples curiosos cuando llega por lo menos una vez a la semana a bordo de su Full (doble tanque) a la central de transferencia de PEMEX en la ciudad de México, en donde debió sufrir el embate de las preguntas del perro aplanacalles, quien no pudo ocultar su envidia, pero también su gusto por haber podido al fin conversar con la mítica Reina del Camino.

-¿Cómo se le ocurrió dedicarse al tráiler?

-Por gusto. Me titulé como médico cirujano, pero los tráileres siempre fueron mi pasión desde niña. En realidad lo vi como un reto, además de que me gusta manejar  en carretera. Disfrutar los lugares que visito y convivir con distintas personas. Es un gran orgullo saber que puedo dominar un vehículo como el que traigo.

“Ora  que te aclaró que antes de dedicarme a este negocio, en el cual acabo de cumplir 22 años, sí ejercí mi carrera cerca de dos años, pero tenía problemas porque no me podía concentrar al ciento por ciento, y mejor me dediqué al tráiler, lo que realmente me apasiona”.

Miriam explica que siempre ha manejado el Full doble remolque salchicha y con “34 morenas al piso”, porque quería irse a lo máximo, que en este caso es el transporte de materiales peligrosos como gasolina, turbosina o diesel, “por lo que jamás perdí el tiempo jalando caja seca, redilas, volteo o ya de perdis operando un Torton o un Rabón”.

-¿Se supone que esta es una chamba para hombres?

-Por supuesto, pero siempre lo he desempeñado como la mujer que soy; nunca he tratado de parecer un hombre en el trabajo, pero lo complicado no ha sido eso, sino tener que lidiar con el machismo.

“Mentiría si no te dijera que resiento la discriminación de algunos de mis colegas, pero gracias a Dios  la mayor parte de ellos me han ayudado y siempre tratan de orientarme, de que viajemos en convoy para irnos cuidando. Hay otros que no pueden verme ni en pintura por el simple hecho de que no traen un doble remolque como yo, y sienten que no tienen la misma calidad”.

-¿Qué es lo más difícil de manejar un camión como el tuyo?

-La reversa, ya que es muy complejo tratar de estacionar un tráiler con dos remolques, aunque la práctica te va dando confianza. Las subidas y bajadas en las carreteras también son complicadas, puesto que no es nada fácil traer a cuestas 68 mil litros de combustible en los tanques.

“Mención aparte me merecen la mayoría de los automovilistas con los que me cruzo en casi todas las carreteras del país, quienes carecen de una cultura de la vialidad, razón por la cual sufro mucho con ellos, ya que no saben respetar los pesos y volúmenes que manejamos y constantemente nos obstruyen el camino en subidas y bajadas, debido a que no tienen noción de lo complicado que es llevar un tráiler cargado con materiales flamables”.

La Reina del Camino considera a su “unidad” como una extensión de su propio cuerpo, razón por la cual “así como me cuido de lavarme los dientes y asearme, también me ocupo del vehículo, al cual le cambio el aceite, cuido los frenos y reviso las balatas, a fin de poder viajar con la tranquilidad de que no me voy a quedar tirada por ahí”.

-¿El tráiler podría volar con una chispa?

-Claro. Por ejemplo, cuando entro a la planta de PEMEX a cargar tengo que utilizar guantes y ropa de algodón, así como lentes y casco a fin de no crear estática  y que se produzca una chispa y volemos todos. Ya en la carretera es más sencillo, pero debemos evitar en lo posible  hablar por teléfono celular o fumar.

Miriam revela que el mayor tiempo que ha llegado a manejar sin parar han sido tres días seguidos, “pero descansando periodos de 15 minutos cada seis horas, lo cual es muy cansado, pero así se tiene que hacer por lo tiempos que la empresa estipula para la entrega de material”.

Interrogada acerca de los métodos que utiliza para espantar el sueño, precisa que toma mucho café disuelto en coca cola, “aunque los años de manejo te van curtiendo, y como que el cuerpo sabe que tiene que responderte en esos momentos.

-¿Y los Periquitos o Corazoncitos?

-Qué pasó perrito, aquí nada de ciaminas o anfetaminas... cuando mucho echarle un mejoral o una aspirina al café con la coca. Y es que esas pastillitas sí te quitan el sueño, pero a la larga te vuelven loco.

La Reina del Camino agrega que debido al material peligroso que transporta no puede traer un copiloto, ni a otro operador, y mucho menos amigos o familiares, “ya que si te llegan a cachar no sólo te puede costar una multa de entre 20 y 30 mil pesos, sino que incluso la Policía Federal de Caminos te puede retirar para siempre tu licencia tipo E”.

-¿Te detienes en cualquier lugar  a descansar?

-Para nada. Por lo general busco pensiones, gasolineras o cachimbas (restaurantes para traileros). Y es que hoy en día quedarse así nada más en la carretera es sinónimo de muerte, debido a que los ladrones ya no nomás bajan al operador y se llevan la unidad, sino que primero te matan y después revisan qué mercancía traes.

“Por cierto, hace como siete años me quisieron asaltar, pero cuando vieron que era mujer, se echaron a correr sin hacerme nada”.

-¿Y accidentes?

-Una vez en la autopista que va del aeropuerto de Acapulco al puerto me llevé tres vacas. Iba como a 100 kilómetros por hora  y debido al impacto con los animales salí volando del asiento y fui a dar a los pedales del tráiler. Por fortuna acababa de descargar  la gasolina en la terminal aérea.

“En ese momento en lo único que pensé fue en sobrevivir y superar el momento del accidente, porque fue una descarga de adrenalina que nunca antes había experimentado. De hecho luego del choque con las vacas se acercó un señor a auxiliarme, y se espantó mucho al ver que era mujer.

“Son gajes del oficio, y pese a todo esto sigo al frente del volante porque tengo mucha fe en Dios y sé que siempre me acompaña y viajo con su bendición”.

Casada desde hace 17 años y con un hijo de 11 y una niña de cinco años, la Reina del Camino señala con un marcado gesto de tristeza en su mirada que combinar su trabajo con su papel de madre ha sido una labor de mucho sacrificio, porque ha tenido que dejar de ver mucho tiempo a su familia, “razón por la cual procuro darles calidad y no cantidad”.

“Siempre trato de estar con ellos los fines de semana, y si no se puede intento agarrar los puentes, pero normalmente son seis días al mes los que puedo convivir con ellos.
“Gracias a Dios mis papás y mi hermana le echan la mano a mi esposo en el cuidado de mis chaparros, ya que somos una familia muy unida”
.
-¿Y cuándo se dio tiempo para conocer a su marido?

-El también era trailero, pero acaba de dejar el trabajo. De hecho nos conocimos en una línea de transportes. Actualmente está montando un negocio cerca de la casa, para estar más al pendiente de los niños.

La Reina del Camino no se arrepiente de haber dejado la carrera de la medicina al señalar que si bien en dicha profesión pudo haber obtenido muchas satisfacciones “este oficio también me las ha dado”.
Empero, admite que es mucho lo que las empresas transportadoras ganan en comparación con la poca remuneración que reciben los chóferes, “sobre todo por el riesgo que conlleva transportar el tipo de carga que yo manejo”.

“Dependiendo de los viajes que haga es lo que gano, pero normalmente son unos 15 mil pesos mensuales, y eso cuando me va bien, porque no hay un salario base”.

-¿Pero la Reina del Camino no está pensando en bajarse del camión?

-Para nada. Han sido muchos años de experiencias y es enriquecedor aprender tantas cosas en la carretera, porque no nada más es subirse y manejar.

“Ya el señor pondrá todos los medios para que me baje, pero creo que por lo menos falta un par de años más. Aunque recuerdo que una vez le dije a mi mamá que iba a ser trailera nomás tres meses... y ya llevo 22 años”.

-¿Qué no le habrá tocado vivir en ese tiempo?

-Sí. De hecho tengo la inquietud de escribir un libro para narrar todo lo que he pasado, pero desgraciadamente el tiempo no me alcanza, así es que mejor lo haré cuando me retire.

-¿Y cómo se va a llamar el libro?

-Pues lo único seguro es que no se va a titular Pata de Perro.

(rluengo4@hotmail.com)          
      


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