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CHILANGO POR ADOPCION
29/10/2006

* “Aurora, quien además de darme la vida,
    me dio una máquina de escribir…. A ella
         le pueden echar la culpa de todo”.

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--- Ia. Parte ---

José Manuel Nava Sánchez nació en Pachuca, Hidalgo, de padres veracruzanos, el 9 de octubre de 1957. Vivió en Actopàn hasta los cuatro años y de ahí se vino al Distrito Federal, donde creció. Por ello, se define como “veracruzano de sangre, hidalguense por nacimiento y chilango por adopción”.

Vivió dos años en Paris, de 1981 a 1982 y en Washington de 1982 a 2003. En Paris estudio una maestría de periodismo que financiaba la entonces Comunidad Económica Europea, el gobierno francés y patrocinaba el periódico Excèlsior, donde trabajaba en la Mesa de Asuntos Especiales, tras ganar el Concurso de Oposición entre cinco periodistas mexicanos.

En París estuvo con 32 reporteros de 27 países. “Fue una experiencia muy formadora, porque fue la primera ocasión que vivía fuera de México. No hablaba bien el francés. Las exigencias de la escuela eran viajar mucho, entrevistar a varios funcionarios europeos, entender la situación de Europa”.

Los 23 años los cumplió en París, donde conoció reporteros de todo el mundo, “con los cuales aún tengo contacto en 27 países, especialmente con los de África del Sur, Suecia, Japón, Brasil, Argentina.

Nava habla tres idiomas: inglés, francés y español.

Relata que la decisión de estudiar periodismo la tomó desde muy pequeño. “A los seis años me atrajo mucho una máquina Olivetti enorme que guardaban en una funda gris, y cuando mi madre me veía que jugaba a escribir con ella en el piso, me la regaló.

Por ello, la dedicatoria del Vortex del Mal, es para ella y dice: “Aurora, quien además de darme la vida, me dio una máquina de escribir. Así es que a ella le pueden echar la culpa de todo”.

Su padre murió cuando tenía nueve años. La figura de su madre se agrandó al surgir como las dos figuras, “porque ella de alguna manera nos crió a los seis hijos (Loreto, Silvia, Margarita, Sebastián, Guadalupe y José Manuel), de los cuales sólo Loreto y Sebastián viven en Hidalgo; Guadalupe está en Austria y ya se hizo austriaca. Yo pensé que después de tantos años de vivir en Washington me convertiría en gringo, pero el llamado fue más fuerte y poderoso, por eso regrese a México”.

Al regresar de sus estudios en París, patrocinado por Excèlsior, en 1982, le dicen que va a recibir una comisión fuera. “Pensaba que iba a ser en París. Es más el jefe de Corresponsales Internacionales de aquél tiempo, Agustín Salmón, quien ya murió, me dijo que efectivamente era ese país, pero que esperara porque no podían correr de la noche a la mañana al que tenía esa plaza, pero pasaban los meses y nada. Me entró la desesperación; me entro el shock cultural. No me hallaba en México.

“Tenía interés de conocer nuevos países, idiomas, gente. Cuando viviste en el extranjero y regresas a México te encuentras con la realidad que ya viviste, pero ya no la entiendes, porque vivir en el extranjero te cambia de forma radical y ves las cosas de otra forma”, relata.

“Por fin un día me manda llamar el que era director del periódico, Regino Dìaz Redondo, y me dijo: “Se va a Los Ángeles”, lo cual me confundió porque ese lugar esta lleno de mexicanos y considere que no aprendería nada nuevo ahí, pero su respuesta fue simple: “en estos momentos lo necesitamos allá, así que tome mi coche y me fui manejando hasta llegar a Los Ángeles, California”.


18/10/2006
SCHERER, LO INVITO A EXCELSIOR

* “Si no sirve, ¡Córralo!,
 Recomendó Regino a Iñigo

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--- II Parte ---

Julio Scherer Garcìa fue su maestro de Entrevista en la Facultad de Ciencias Políticas y cuenta que “Un día, como a las dos de la tarde, me pidió que lo acompañara a su automóvil, que estaba en el estacionamiento de la facultad, y me dijo “mire, ¿cómo se llama?...José Manuel Nava, señor, le conteste. Como le decía, José Manuel, muchachos así como usted universitarios bien formados, necesitamos en el periódico. Venga a verme.”

“No podía creer lo que escuchaba, así que le pregunte de inmediato: ¿cuándo lo puedo ver? … Cuando quiera, mi oficina siempre esta abierta, me dijo. Yo no podía creerlo.

“Esa misma tarde, a las cinco, fui a verlo, pero me encontré a Julio Scherer totalmente diferente. Con los lentes a media nariz, muy cambiado de carácter. Su oficina efectivamente estaba abierta, pero me recibió con una voz seca y golpeada: “¿¡usted que quiere!?”…bueno maestro vine porque usted me dijo que necesitaban gente como yo bien formada, le conteste.

“Su respuesta fue violenta. Extraña, y de un grito me respondió: “¡no me este quitando el tiempo, por favor!”. Salí desilusionado. Esto fue en junio de 1976, un mes antes de que fuera depuesto como director de Excèlsior. Sin embargo, en ese momento me pareció raro, loco, extraño, porque dos horas después de pedirme que fuera a verlo, me desconoce y me corre.

“Ya no regrese a verlo, pero al mes él cayó y entonces entendí su mal humor, quizá estaba agobiado por tantos problemas internos, por eso se me borró la mala impresión que tuve de él aquél día. Ahora, muchos años después, lo entiendo”.

Un mes después de su entrevista con Scherer, fue depuesto por Regino Díaz Redondo, a quien le pidió trabajo en el otrora poderoso diario de Latinoamérica. “El me acepto, pero al enviarme con el jefe de Información, Alejandro Iñigo, quien ya murió, le dijo: “te mando a un muchacho ¿cómo se llama?, me preguntò... “José Manuel Nava”… Ah, un señor José Manuel Nava, si no sirve ¡córralo!...

“Así empecé mi carrera en Excèlsior”, relata quien durante 22 años fue corresponsal del búho en Washington.

Para el periodista José Manuel Nava haber sido corresponsal de Washington fue una experiencia muy enriquecedora. Formadora, ya que le tocó tratar con el aparato gubernamental más poderoso del universo y ser testigo de decisiones muy importantes e impresionantes.

“Washington es una ciudad muy apacible en la que aparentemente no pasa nada, pero pasa todo”, dice al agregar que:

“El centro nervioso del mundo, no sólo político, sino económico, está ahí, aunque digan que la capital financiera es Nueva York y la política es Estados Unidos, pero “yo creo que no es así, porque las decisiones de fondo se toman en Washington”.

¿Cuándo venías a México veías diferencia entre los periodistas mexicanos y los estadounidenses?

-- “Si, definitivamente. No sólo en tecnología, que nos tardamos mucho tiempo en adoptar, especialmente el sistema frió, sobre todo en Excèlsior. Recuerdo que cuando el ex presidente José López Portillo se entrevistó en Tijuana con Ronald Reagan, los periodistas gringos ya traían sus laptops, las primeras que salieron y enviaban electrónicamente a una velocidad que en México se desconocía. Ellos organizaban tours a las salas de prensa de los mexicanos, porque aún usaban máquinas de escribir y telex, y para ellos eso era muy impresionante. Nos veían muy atrasados.


REGRESE A MEXICO
“EN UNA PIEZA”
02/11/2006

* “Sufrí la Crisis Igual que Todos,
       Pero yo Pagaba en Dólares”

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--- III Parte ---

Era Diciembre del 2000. Los años de bonanza de Excèlsior terminaron. La crisis, su crisis, se agudizó y traspasó las fronteras de México, tanto que sus corresponsales internacionales fueron abandonados en tierras extranjeras. José Manuel Nava en Washington y Jaime Hernández en Madrid. El resto renunció.

¿ Por eso regresaste a México?

-- “Si, entre otros motivos. El primero fue la crisis política y económica del periodico, ya que en el invierno del 2000 Excèlsior dejo de pagar los gastos de Washington. ¡Todo!, mi sueldo, la renta de la oficina, teléfono, luz. ¡Todo!.

-- “El 2001 viví un estado de negación total. Empezaron a faltar los gastos. Se olvidaron de mí, al igual que de otro corresponsal sobreviviente: el de Madrid, Jaime Hernández. También a él lo abandonaron y fue terrible, porque no es lo mismo que te quedes sin dinero en otro país, que en el tuyo, donde puedes recurrir a tus familiares.

-- “Gracias a Dios tuve muchos amigos que me ayudaron. Los meses pasaban y no llegaba el dinero. Era angustioso. Viví lo mismo que todos los ex compañeros de Excèlsior, pero más angustioso, porque estaba sólo y me cobraban en dólares, además de tener la responsabilidad personal de las deudas del periódico, tanto de luz, gas, Intenet, teléfono, agua, luz, renta, todo. Se acumulo una deuda de casi 200 mil dólares, que jamás pagó Excèlsior. Los pague yo, porque todo estaba a mi nombre. Yo firmaba.

-- “Viví 2001 en ese estado de Negación, hasta que ocurrieron los atentados de Las Torres de Washington y en ese momento me cayo el veinte, y me dije: esto no puede seguir a la deriva. Consumía mis ahorros para pagar mi casa, mis gastos personales. Los ahorros caían vertiginosamente y me preocupaba mucho lo que iba a pasar. No me respondían las llamadas en el periódico. No podía hablar con ninguno de los funcionarios de Excèlsior, nunca estaban. “Están en junta”, me decían.

“SOY UN FIRME CREYENTE DEL DESTINO”

---“Por eso decido regresar a México a finales de 2001. Me entrevisto con los nuevos directivos del periódico que eran Armando Sepúlveda, director; y Jaime Contreras, presidente del Consejo. Les comento la situación vivida. Me prometen que en un mes se normalizarían los pagos, por lo que me piden regrese a Washington y siga trabajando, pero el dinero nunca llegó. No enviaron un sólo centavo.

--“Ya no podía regresar a reclamar, porque cada viaje me costaba más de mil dólares y ese dinero lo ocupaba para pagar la hipoteca de la casa y los gastos personales, por lo que decido vender la casa. Se vende. En ese momento el director de Reuters América, que su esposa es muy amiga mía, me ofrece un excelente trabajo, muy distinto a lo que había hecho, pero esa fue mi salvación, ya que era un empleo muy bien pagado, pero era muy técnico y creativo.

Asì, Josè Manuel Nava fue jefe de información de los 34 corresponsales Latinoamericanos de Reuters. Producía un noticiero de TV diario mundial, muy interesante, muy bien pagado, pero como freelance.

Confiesa que “eso me hacia sentir como no parte de la empresa, no me sentía comprometido con ella, pero con lo que gane pude pagar las deudas de Excèlsior y empecé a pensar que se cerraba un ciclo muy largo de 21 años en Washington y se me metió el gusano de regresar a casa, con mi gente a mi país, sentirme ciudadano de primera, en lugar de segunda, ya que no podía votar y eso me empezó a atraer a México, aunque Reuters no me dejaba ir, pero les expuse que mi decisión estaba tomada. Me ofrecieron trabajo en Reuters México, lo cual me pareció sensacional, porque dije ya me voy a mí país, y llego con trabajo”.

Tras decir esto, da un largo suspiro y agrega:

“Pero, mira las cosas están ya escritas y no hay forma ni manera de cambiarlas. Soy un firme creyente del destino y pienso que por más que le hagas no puedes cambiarlo. Ese día llegue a la primer entrevista en Reuters de México.

Me ofrecen ser editor para México Central con un sueldo en dólares muy atractivo, con muchas horas de trabajo, pero con oportunidades de crear, lo cual me gusto. Voy de regreso a Washington muy entusiasmado. Le dije al director de Reuters América que encantado de la vida. En Reuters aprendí mucho. Les estoy muy agradecido por su apoyo. Trabaje ahí un año”.


Nava llegó a México regresò el 28 de noviembre, Día de Acción de Gracias, y explica:
“Escogí esa fecha para regresar a mi país, porque para mi es muy significativo y me gusta más, incluso que Navidad. Tenía mucho que agradecer: regresar sano y salvo. En una pieza, después de haber pasado lo que pase”, dice con un gesto muy reflexivo.


“PARECE QUE VAS PARA LA
GRANDE”: LE DIJO DE ANDA
06/11/2006

* Sin proponérselo, Sepúlveda lo
   Llevo a la Dirección de Excèlsior


Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--- IV PARTE ---

Era enero de 2003, cuando el destino empezó a tejer una serie de hechos que llevaron a José Manuel Nava a la dirección de Excèlsior en sus momentos de crisis, que lo obligan a entrevistarse con Armando Sepúlveda, entonces director del rotativo, a quien “le dije que estaba en México y que en qué le podía servir. “¡En lo que quieras!”, me respondió.

Como muchos periodistas de México y del mundo, Sepúlveda estaba alarmado por el nivel que tenía el diario y por eso me atreví a decirle: “Aquí necesitas una persona, que por lo menos sepa leer y escribir”. El comentario no le gusto, obviamente.

“Le ofrecí corregir la primera plana. Acepto y me dijo que empezara al día siguiente. A las seis de la tarde llegue, y ahí espere varias horas. Fueron los famosos “cocolones” quienes me dijeron que no tenían ninguna orden al respecto y que además ni me conocían; por ello no podía meterme en las decisiones de la primera plana y mucho menos cambiarla.

“Al otro día, agrega Nava, le comente a Armando lo sucedido y me dijo que después pasaba el memoramdum. Hice el intento una semana. Nunca se me permitió el acceso a la primera plana, y me pregunte ¿ahora que hago?...y se me ocurre escribir el Vortex del Mal, al encontrar una serie de apuntes inéditos en mis libretas, sobre la llegada de George Bush al poder, el grupo que lo apoyo, la planeaciòn que venía desde 1997.

“Esa serie de apuntes que se quedaron en mis libretas viejas, que como ya sabes los periodistas nunca tiramos, fueron la base para que propusiera a Armando hacer una columna que no fuera de política nacional, sino internacional, sobre las relaciones México- Estados Unidos y Estados Unidos en particular.

Armando Sepúlveda aprobó la idea de Nava, quien le propuso que la columna se llamara el Vortex del Mal. Se publicaba muy bien todos los días en primera plana de Excèlsior, hasta que en una ocasión el dueño de Edamex, Octavio Colmenares, lo contacto para felicitarlo por lo que escribía y plantearle que le interesaba editar un libro sobre el tema, por lo que lo en su oficina.

Nava recuerda que “Platicamos y acordamos que publicaría el libro, me dio una carta en la que se comprometía a editarlo e inocentemente salí corriendo al periódico a ver a Armando Sepúlveda para platicarle lo sucedido. Lo cual consideraba muy bueno para mí, pero también para Excèlsior y para él, porque fue quien aprobó su publicación, “pero su reacción fue como de hielo. Me felicito, pero jamás volvió a publicar una línea del Vortex del Mal, a partir de ese día, desapareció mi columna. Murió. Quizá tuvo miedo. No entiendo por qué, él es un excelente periodista. En 1996 fue Premio Nacional de Periodismo”

“Pero, curiosamente esa decisión le costo la dirección del periódico, ya que no sólo me dejó de publicar la columna, sino que me sacó de la nómina, algo que él no podía hacer, porque yo era socio de la cooperativa.

“Fue así, relata, como me empiezo a movilizar en la grilla interna del periodico, y el 15 de septiembre del 2003 suena mi celular, cuando iba a la fiesta del cumpleaños de mi madre.

“Era Javier de Anda y me dice que al presidente del Consejo de Administración le urgía hablar conmigo, pero le explique que en ese momento tenía que estar en el festejo de mi madre, pero que si querían podía ir cuando me desocupara. Habló con alguien y me dijo que me esperaban, tras comentar “parece que vas para la grande”.

“Al llegar estaban todos los consejeros y el presidente del Consejo de Administración, Salvador Legorreta, y me dice: “mire, las relaciones con el director son muy malas. Tenemos muchas sospechas, no podemos probarlo, de que entra mucho dinero a la dirección. Lo único que podemos ver es que cuando tenemos necesidades muy extremas, por magia aparecen por ahí 800 ò 900 mil pesos, por lo que no le tenemos confianza, por eso queremos que sea el nuevo director de Excèlsior. A mi me cayo de sorpresa y lo primero que les pregunte ¿cómo sería la sucesión?

“A lo que me respondieron: Sepúlveda no es director general, fue nombrado por el consejo de administración de Rafael de la Huerta, por lo que como Consejo de Administración podemos sustituirlo y nombrarlo a usted. Mi primera reacción fue pedirles tiempo para pensarlo. A los dos días acepte.

“Reflexione que no tenía compromisos externos ni internos. Pensé: vengo de fuera, no estoy contaminado y tengo la posición ideal para acercar a las partes en conflicto a muerte. Por eso me intereso el reto, que culmino el 20 de febrero de 2004, tras un proceso muy torpe del Consejo de Administración, porque los rumores en Excèlsior corrían, no se ahora, instantáneamente y alertaron al director, quien se apertrechó con sus alianzas. Fue muy difícil”.


TRAICION INTERNA, GRAN CAPITAL
Y COMPLICIDAD DE FOX ACABARON
CON EXCELSIOR: NAVA
07/11/2006

* “A menudo me sentía como en un gran manìcomio.
   Rodeado de locos, a cual mas, pero no podía evitar
   el inquietante escalofrío de que yo debería ser el más
   loco de todos, pues yo era el director general”…

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--- V Parte ---

El 20 de febrero de 2004, José Manuel Nava asume la dirección de Excèlsior. Confiesa: “Pensaba que el periodico estaba en malas condiciones, pero nunca imagine la profundidad de la crisis, el grado de descomposición interna, de confrontación de grupos que se odiaban a muerte, y que terminaron siendo odios irreconciliables, pero quizá en muchos casos el panorama pudo cambiar, ya que como dice el refrán “muerto el perro, se acabó la rabia”. Pero la muerte del perro, bueno no fue el perro, sino el búho fue muy traumática, dolorosa. Cruel. Gratuita”.

Al referirse al libro EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL, cuya presentaciòn oficial fue el pasado 6 de noviembre en el Orfeo Català, con los comentarios de Eduardo Luis Feher, Teodoro Renterìa y Mario Ruiz de Chavez, Nava cita que la portada del mismo es muy simbólica de cómo muere Excèlsior víctima de aves de rapiña “que durante mucho tiempo nos asecharon e impidieron levantarnos, pero que al final de cuentas lograron su objetivo: matar a la última cooperativa periodística de México en contubernio con el gobierno y por supuesto ayudados por los traidores internos, que vieron más por su beneficio personal que por sus compañeros de trabajo y la propia cooperativa periodística tan grande que fue Excèlsior”.

¿Cuándo fuiste director de Excèlsior, en algún momento quisiste “tirar las toalla”?

-- “No fíjate que no. Sólo una ocasión, casi al final. Pero lo que sentí se resume en un epígrafe que viene al principio del Capítulo “GANSTER DE MEDIA NOCHE”, que dice:

“A menudo me sentía como en un gran manìcomio. Rodeado de locos, al cual mas, pero no podía evitar el inquietante escalofrío de que yo debería ser el más loco de todos, pues yo era el director general”…

¡Si, eso era cierto!...a veces me sentía como un loco, ¡el peor de todos!, por eso siempre seguía adelante. Nunca pensé “tirar la toalla”, al contrario luchaba por lograr lo que consideraba fundamental, para lograr los acuerdos de fondo con el gobierno, el Seguro Social y Hacienda.

“Pero”… dice pausadamente, con mirada acusadora…

¿Ya estaba todo cocinado?

“Sí, ya estaba cocinado. Eso lo entendemos hoy, porque en esos días no hubiéramos creído que existieran intereses tan malévolos, tan bajos, como para sopilotearnos y planear con todas las agravantes la muerte del periódico, para quedarse con él, tragárselo, y como digo en el libro tragarse con él, el fabuloso negocio inmobiliario en el que paradójicamente estaba parada una cooperativa quebrada, el cual nos hubiera salvado, pero no pudimos porque era una serie de conflictos internos y traiciones. Bueno tú las viviste, sabes de lo que hablo.

“Siempre actué de buena fe, pero en el caso de Excèlsior peque de inocente, porque pensé que los interlocutores del gobierno actuaban de buena fe, y no. Su actuación fue premeditadamente cruel. Se nos permitía vivir la agonía, pero no más. No se nos permitía salir de ahí, porque el gobierno no querría ser culpado, como lo culpo en este libro de haber participado en la muerte del búho, que no fuera Hacienda quien diera el último hachazo, sino que fuéramos muriendo por nuestros conflictos internos. Como ocurrió, azuzados por el gran capital y con la complicidad del Presidente Vicente Fox.

“No logro comprender como el gigantesco problema fiscal que tenía Excèlsior, se solucionó en dos semanas. Eso no se puede sin la “bendición divina”, que es la del Presidente de la República, y como lo vimos, jamás nos visitó a nosotros siendo empresa de interés social, pero inmediatamente lo hizo cuando ya era del grupo empresarial Angeles, el 18 de marzo pasado”.

Se dice que Marta Sahagùn, la Primera Dama, compró Excèlsior ¿fue así?

-- “Sí, se rumora mucho. Yo no puedo sustentarlo, pero la misma actuación te dice mucho. El interés por resolver la maraña de problemas que tenía el periódico, no se puede sin la intervención del Presidente, su esposa o el vicepresidente, Ramón Muñoz. La visita de Fox fue muy sintomática de que iba a ver qué había comprado, pero eso son suposiciones. No se puede sustanciar. Pero, lo que sí se puede sustentar es que esos tres factores: la traición interna, el gran capital y la complicidad abierta del Presidente Vicente Fox terminaron con la última cooperativa periodística de México.


12/11/2006
EXCELSIOR, LA COPIA DE LA COPIA

* Imita a Reforma y El Universal
* Dejo de ser un Referente Serio
* Su Contenido, Propio de Ja Ja

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--- VI Parte ---

¿ Y, ahora cómo ves a Excèlsior?, se le pregunta a José Manuel Nava, último director general de esa cooperativa, comprada por el millonario Olegario Vázquez Raña, de quien se rumora insistentemente es prestanombre de Marta Sahagùn de Fox, en la adquisición de esa empresa periodística.

-- “Mira, me torturan enviándomelo gratis a diario. Ya no lo veo, la verdad. No tiene caso, es un periódico más, intrascendente, frívolo. Cuando ves ocupando a cinco columnas una foto de una actriz colombiana o que el cintillo de primera plana se destine a una nota que diga que a los hombres de Holanda les preocupa ser altos, te das cuenta que son notas propias de “Ja Ja”, pero ellos tienen un proyecto muy distinto al que distinguiò y dio prestigio internacional a Excèlsior.

--“El periodismo que se hace ahora en ese diario es muy Light. Eso antes no se aceptaba, ya que por décadas se caracterizo por ser un periódico profundo. No se leía. Se estudiaba. Ahora es un burdo clon, mal hecho, ya que copiaron hasta las comillas de otros diarios de circulación nacional, lo que es verdaderamente vergonzoso, ya que lo hacen de forma abierta y descarada, pero lo peor es que con tanto dinero pudieron contratar realmente talento y no echar a perder su proyecto imitando a la competencia (Reforma y El Universal).

¿Crees que así, Excèlsior se reposicionará como uno de los mejores en el mundo?

“Lo dudo mucho. Excèlsior hubiera podido reposicionarse como el mejor de México, e incluso como el referente obligado a nivel internacional del periodismo latinomaricano, pero siendo un periódico como lo fue: de contenido, no el Light, que es ahora, que si pegó mucho con Reforma, tanto que lo copió El Universal, pero ahora tenemos la copia de la copia. Bueno, ellos tienen su proyecto. Yo se les deseo el mejor de los éxitos, que bien que tienen mucho dinero, pero no creo que tengan la preferencia del lector mexicano, que se esta yendo por otros lados, pero como tienen capital para resistir, ojala tengan la visión de regresarlo a sus cauces originales, no por algo el periódico duró 90 años gloriosos, fundamentalmente los últimos cinco años, en los que dio muestras de una lucha heroica que marco su período más gloriosos.

---“No fueron, y lo digo en el libro EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL aquéllos 60-70 en los que el periódico sobrevivió gracias a dádivas gubernamentales para sortear un boicot en la iniciativa privada. Pues mira, recibir dinero del gobierno, no es un ejemplo de libertad de expresión, sino por el contrario y los últimos años que libramos en Excèlsior sí lo hicimos sin ayuda, por el contrario con un gobierno abiertamente hostil que nos trató como si fuéramos parte de un consorcio empresarial importantísimo y nunca nos reconoció nuestra característica de empresa social, que no tenía más que deudas y conflictos y siempre encontramos la supuesta disposición del Presidente Fox, pero nunca se resolvía nada, al contrario.

CRUELDAD INNECESARIA

--“Pero ahora México tiene la respuesta. Ahora sabemos por qué el IMSS fue lanzado como punta de lanza para agravar el conflicto interno del periódico, porque cada vez que dejaba de firmarnos cheques, dentro de Excèlsior temblaba, porque no había dinero y las amenazas de no salir eran recurrentes, porque el IMSS nos tenía a punto de no salir, porque el Seguro Social nos tenía agarrados del cuello y no nos dejaba hasta el último momento. Cuando tenían al pollo a punto de morir, nos soltaban. Era cruel, pero era parte de los buitres, porque ellos sabían que Excèlsior iba a morir.

--“Cayó el 13 de diciembre, ya estaba “cocinado” las negociaciones con el grupo empresarial que lo compró, pero yo me oponía porque se compraba el periódico con lo que nos debía a nosotros y después fue mucho menos que eso, porque no era posible que se comprara una institución del calibre de Excèlsior con pasivos laborales, sin ningún beneficio para los trabajadores.

¿Qué opinas del maltrato a los trabajadores?

--“Fue terrible. La humillación a los trabajadores fue espantosa y gratuita. A mi se me mantuvo al margen. Eso debo agradecérselo al señor Olegario Vázquez Raña, que no me mezcló en ese maltrato, que jamás hubiera permitido, como lo hicieron los que abrieron las puertas al grupo empresarial. Ahora todavía me duelen casos como el de Manuel Magaña, a quien casi le provocan un infarto al negarle inhumanamente el acceso a su casa de trabajo por más de 50 años.

--“Nunca hubiera permitido la humillación de que fueron objeto varios compañeros, entre ellos Mónica Martín, Rafael Medina, Manuel Magaña, tú y muchos otros, a quienes policías que no tenían idea de lo que represaba para nosotros Excèlsior, fueran los encargados de echarlos a la calle sin dejarles el acceso a tomar cosas personales. Eso no lo hubiera permitido. Me hubiera ido con todos ustedes indiscutiblemente. Me hubiera opuesto al cambio de formato del periodico, así que definitivo no habría sobrevivido la transición al nuevo producto.

¿Tienes miedo a las consecuencias que pudiera tener tu libro?

--“No, ya estoy escribiendo. Me dieron una recepción muy cálida en la OEM: Soy el único editorialista que escribe todos los días de la semana, pero aprovecho esta oportunidad, para aclarar que nada tiene que ver mi entrada a la OEM con la edición del libro, como tu lo sabes desde que salí de Excèlsior, el 13 de diciembre de 2005, empecé a escribirlo. Hemos tenido algunos escollos, que atrasaron la edición del libro EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL, nada tiene que ver con mi entrada a la OEM, ni con el señor Mario Vázquez Raña, quien obviamente esta enterado de la edición, pero como un periodista profesionista y ético me ha dejado en plena libertad de hacerlo.

Este proyecto nació no por ardor, sino porque pensé que era importante dejar un testimonio personal de lo que fueron los últimos años de Excèlsior. Su muerte a manos del capital privado e insisto de la complicidad del gobierno federal y de personas al interior del periódico que se beneficiaron con la compra del periódico, que siguen adentro muy contentos.


EXCÉLSIOR
EL ASALTO FINAL
14/11/2006

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--- VII Parte ---

Tras lo vivido, José Manuel Nava decidió dejar un testimonio de lo ocurrido de lo que fuera la cooperativa periodística más importante de México y el pasado lunes 6 de noviembre de 2006, presentó en el Orfeó Catalá de México su libro “EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL”, que fue analizado y comentado por Eduardo Luis Feher, Gustavo Rentería y el diputado priìsta Mario Ruiz de Chávez.

En su presentación, Nava dijo textualmente:

A primera vista, este trabajo parecería que solo es de interés para un pequeño segmento de la sociedad. Para un gremio profesional o incluso solo para quienes laboramos en lo que fue la Cooperativa Excélsior. Sin embargo, este es un tema que nos interesa a todos los mexicanos.

El trabajo es en realidad varias cosas. En primer lugar es un testimonio personal de lo que viví como el último director general a lo largo de los últimos anos de la última cooperativa periodística que fue Excélsior, Compañía Editorial, Sociedad Cooperativa de Responsabilidad Limitada. Es un testimonio sobre mi retorno a México luego de 21 años de servir como Corresponsal del propio Excélsior en la capital de Estados Unidos, del estado de la Cooperativa en esos tiempos y de cómo llego a la dirección y posteriormente a la dirección general de lo que fue un gran periódico.
Narro también lo que para mí fue la época más gloriosa de la cooperativa, cuando sin apoyo de nadie, literalmente solos, los casi 1400 socios y trabajadores eventuales logramos mantener a flote, sin que Excélsior dejara de salir un solo día a pesar de que la agonía y la muerte nos acechaban literalmente todos los días. Fue realmente el esfuerzo heroico de los socios y de los trabajadores no socios lo que le permitió a Excélsior sobrevivir todo ese tiempo en condiciones realmente muy duras.
El trabajo es, también, una denuncia. En él figura prominentemente un epígrafe que dice “Tres factores invencibles se confabularon en el asalto final contra Excélsior: la traición interna, el gran capital y la complicidad del gobierno”. La traición interna, por supuesto, no fue contra un individuo en lo personal, en este caso su servidor; no, la traición interna de un pequeño grupo que buscó y logró beneficiarse personalmente de la entrega de la cooperativa al capital privado fue en contra de la institución misma y en contra de 1,400 trabajadores cuyo único patrimonio era precisamente la Cooperativa.
Pero lo que me pareció particularmente grave fue el contubernio del gobierno del Presidente Vicente Fox en actuar cuando menos como facilitador de este despojo en contra de los trabajadores del auténtico Excélsior. En un principio, por ingenuidad, por inexperiencia y porque venia yo de un entorno político y económico en Washington en donde las cosas no son de ninguna manera limpias, pero se hacen de otra manera, no me percaté, no me di cuenta de la poderosísima confabulación de intereses que conspiraba para engullirse a Excélsior y, con él, el fabuloso imperio inmobiliario en que se paradójicamente se aposentaba una cooperativa quebrada y hostigada por un gobierno no solo insensible, sino abiertamente hostil a una empresa de carácter social, como lo era la nuestra y determinado a transferirle la propiedad de la empresa a amigos cercanos.
Esta, por supuesto, no es la primera ocasión en que el gobierno federal es cómplice activo en la transferencia de empresas, enormes en algunos casos, al capital privado. Ha sucedido muchas veces. Pero ¿debemos de dejar de escandalizarnos porque ello continúa sucediendo? ¿Por qué sucedió nuevamente en el presunto gobierno del cambio? No, por supuesto que no debemos de dejar de sentirnos agraviados, particularmente en el caso de un gobierno que llegó prometiendo cambiar todo, pero para que a final de cuentas todo siguiera igual…o peor…
No se trata, por supuesto, de denostar a la empresa privada. Por el contrario. ¿Qué sería de este país sin la iniciativa privada y qué bueno que haya hombres, mujeres, conglomerados que arriesgan todo por el ideal de una empresa. Lo que considero condenable son los oscuros contubernios para, desde el gobierno, favorecer a amigos de presidentes y altísimos funcionarios.
La hostilidad del gobierno, impulsada por supuesto por intereses económicos muy poderosos que tenían desde hacía bastante tiempo los ojos puestos sobre El Búho era evidente de muchas maneras. Confieso que en un principio, aunque lo sospechaba, no podía aceptar la idea de que existieran intereses tan perversos que deliberada y consistentemente conspiraran para destruir a una empresa de carácter social, particularmente una empresa como Excélsior, cuyos socios y trabajadores se habían batido muchos literalmente hasta la muerte por preservar su patrimonio.
Hasta su deceso, los últimos años de historia del clásico Excélsior desafían los límites de la comprensión y de lo humanamente tolerable. Fueron años de hambre, de desesperación indescriptible. Muchas vidas perdidas, familias disueltas, patrimonios perdidos irremediablemente. Fueron años de sacrificio, repito, heroico de muchos de sus trabajadores para continuar haciendo periodismo del bueno, y haciéndolo sin recursos económicos, pero eso sí, con gran talento de los muchos, muchísimos socios que le fueron leales a la cooperativa hasta sus últimos momentos.
Una vez consumada a venta, se desató algo que yo llamo en el libro una campaña de limpieza étnica, por designarlo de alguna manera, en contra de los trabajadores del Excélsior clásico que habían sido recontratados. Todos, prácticamente todos sin excepción, fueron humillados, premeditadamente aislados e ignorados, vergonzosamente corridos de la que había sido su casa durante toda una vida. Un simle policía en la puerta les arrancaba los gafetes y les informaba que a partir de ese momento ya no trabajaban ahí y no podían ingresar a las instalaciones.
Humillación gratuita, vejación innecesaria en contra de quienes, el última instancia, trabajaron, y lo vuelo a recalcar, heroicamente para entregar una institución viva y trabajando tan solo para ser echados a la calle sin ningún respeto a su dignidad y a su calidad profesional.
Los nuevos dueños veían a los trabajadores del Excélsior clásico como simples mulas de carga para hacer el trabajo rudo de la transición de un gran periódico a uno más del montón; los trabajadores del Excélsior clásico eran vistos como piezas desechables en la conquista del Búho. Un comportamiento realmente indigno de cualquier grupo empresarial serio y respetable como el que se supone adquirió Excélsior.
Lo mismo sucedió con decenas de colaboradores que contribuían, también sin pago, a la pluralidad que distinguía a Excélsior del resto de los diarios nacionales. Aquí están algunos de los más distinguidos, el propio Mario Ruiz de Chávez, Eduardo Luis Feher, Teodoro Rentaría Arróyave, aquí representado muy dignamente por su hijo Gustavo; por allá veo a Simón Levy-Dabbah, Guillermo Farber, el doctor Bernardo Tanur, en fin, toda una gama de plumas que enriqueció a Excélsior durante sus años más aciagos. Estoy seguro que omito a muchos, pero no por que no sean del mismo calibre.
Todos ellos, y muchos más, trabajaron desinteresadamente durante años por la pluralidad y grandeza de Excélsior para al final, recibir una patada, ni siquiera una nota de agradecimiento de los nuevos dueños de la empresa. Si de algo sirve, si de algo vale, les transmito a todos ustedes, a todos ellos, mi agradecimiento personal y, estoy seguro, el de los miles de lectores que a diario los leían en nuestras páginas de pluralidad y profesionalismo”.
A pesar de las grandes carencias, logramos nuevamente hacer periodismo de gran impacto. Para muestra un botón. Logramos echar para atrás una ley ya autorizada por el Congreso y que habría gravado las prestaciones de todos los trabajadores de México a partir del primero de enero pasado. Si Excélsior no hubiera hecho esa denuncia y seguido tenazmente el caso, todos nosotros seríamos un poco más pobres para beneficio de un gobierno gastador. O el logro de haber detenido las obras de deformación del Paseo de la Reforma. También gracias al asiduo seguimiento que dio el Excélsior clásico a la deformación de la principal avenida de México se logró la intervención del Instituto Nacional de Antropología e Historia y detener en Insurgentes ese espantoso espinazo del diablo que marca ahora a la avenida entre Lieja e Insurgentes.


16/11/2006
ASESINAN A NAVA

México, 16 Nov (Notimex).- El ex director del periódico Excélsior, José Manuel Nava, fue asesinado a puñaladas en su departamento de la calle de Varsovia, en la colonia Juárez.

La Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) informó que el cadáver del periodista, que presenta más de 30 puñaladas en el pecho y cuello, fue descubierto por la trabajadora doméstica al interior del inmueble marcado en el número 3 de la calle Varsovia, interior 201.

Nava Sánchez se separó del rotativo cuando fue adquirido por el grupo encabezado por Olegario Vázquez Raña e incluso habría escrito un libro sobre el cambio de administración.

El cuerpo fue trasladado a la Agencia del Ministerio Público en Cuauhtémoc, donde se iniciará la averiguación previa correspondiente.

Así, con una breve nota en Notimex se informó del crimen de Nava, quien además de ser editorialista de la Organización Editorial Mexicana (OEM) era editorialista de este portal, y el pasado 6 de noviembre de 2006 hizo la presentación oficial de su libro EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL, en el que denunció una serie de atropellos cometidos contra los ex cooperativas de ese rotativo.

Nunca como hoy es difícil dar una noticia tan triste. Las lágrimas empañan la mirada. Duele profundamente despedir así a un gran amigo, a un excelente periodista que no merecía la muerte que le dieron.

A estas horas, entre las 15 y 16 horas pasaba su editorial y a través del Messenger confirmaba que hubiera llegado bien. La última vez que platicamos fue el martes y me comentó que quería que publicáramos el texto integro de su libro EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL, pero le dije que iba a ser muy pesado para el portal, a lo que me respondió “consúltalo con tu diseñador. Mientras yo te envió el documento completo a más tardar el jueves, para que se empiece a difundir el fin de semana”.

El texto no llegó, pero si la noticia de su muerte, que lamentamos profundamente todo el equipo de Reportajes Metropolitanos, que enviamos un sentido pésame a sus familiares.

Descansa en paz querido amigo, que Dios te bendiga y que a nosotros nos proteja.


“PICOTAZO MORTAL”
17/11/2006

* El Peor Enemigo de Excélsior
   Estaba en Casa: Nava Sànchez

Por JOSE MANUEL NAVA

---- VIII Parte ----

(texto integro que leyò en el Orfeo Catala, durante la presentaciòn de su libro EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL, 10 dìas antes de ser asesinado)

A pesar de todo, o tal vez por esos logros, enemigos internos y externos trabajaban sin cesar para que El Búho no pudiera levantarse. Tal vez, y lo dije en muchas ocasiones en reuniones y asambleas en la Cooperativa, el peor enemigo de Excélsior estaba en casa, lo teníamos dentro, saboteando una rotativa prendida de alfileres que funcionaba solo gracias al talento y entrega de trabajadores leales; destruyendo las ya de por sí destartaladas computadoras con las que trabajábamos, robándose desde los focos, hasta literalmente excusados y lavabos de los baños que no se como simplemente arrancaban de suelos y paredes en los sanitarios y sacaban de las instalaciones sin que nadie se diera cuenta… o bueno, eso se nos decía.
El desmantelamiento de las instalaciones de Excélsior se dio sin que nadie, misteriosamente, se diera cuenta.
Esos enemigos internos, vendidos a quienes ambicionaban apropiarse de Excélsior y de sus bienes inmobiliarios, entre ellos la mejor esquina de México, la Esquina de la Información lograron que se le diera al Búho lo que yo llamo el “picotazo mortal” en enero de este año 2006.

Creo que ese “picotazo” está dramáticamente reflejado en el óleo de Jacqueline Juárez, que es la portada del libro y que generosamente donó para la publicación de este trabajo. La portada, como pueden apreciar, muestra a una serie de buitres que zopilotearon a Excélsior durante su larga crisis.
Algunos de ellos eran charlatanes tan cómicos como patéticos. Recuerdo a uno de ellos, dueño de dos o tres estanquillos de comida y que tenía un asombroso parecido con el Pingüino de Batman, que nos presentó una propuesta de compra escrita a mano, en hojas arrancadas de un cuaderno de espiral y que seguramente redactó sobre las rodillas en alguna micro camino al periódico. Pues ese hombre logró mantener en vilo al Consejo de Administración durante meses cuyos miembros inexplicablemente creían que la propuesta era seria. Otro fué un ex policía que decía querernos comprar por una cantidad estrtosférica, 500 millones de dólares, pero que no tenía ni para comprarse zapatos nuevos. Al final sus cheques fueron de hule.
Uno sí contaba con los recursos económicos y con la infraestructura para adquirir Excélsior y con él todas sus valiosísimas propiedades. Ese es el que, en la portada de Jacqueline Juárez, está representado como el buitre que logra dar el “picotazo mortal”, el que aniquila al Búho en una operación claramente orquestada y facilitada desde los más altos niveles del gobierno federal.
El gobierno tenía una estrategia despiadada y bien definida. Se trataba de dejar que Excélsior se consumiera solo en agonía. Todo tenía que parecer el resultado natural de un deterioro constante producto de las intrigas y pleitos internos y de sus enormes pasivos fiscales y de su inhabilidad, propiciada en gran parte por el propio gobierno, para hacer frente a sus gastos más elementales como la compra de papel, tintas y otros insumos fundamentales para la producción del diario y, a veces, cuando se podía, pagar una mísera “ayuda de nómina”, como se le llamaba, a socios y trabajadores de apenas 700 pesos semanales. Eso, claro, cuando se podía… y muchas, muchas veces ni eso se podía. Al final, la muerte del Excélsior clásico fue efectivamente producto de sus conflictos e intrigas internas, pero con mucha ayuda del exterior.
A mí, como director, me parecía extremadamente sospechoso que por más que trabajáramos con el gobierno para llegar a acuerdos que abordaran la problemática de fondo de la empresa, nunca, jamás, se pudo aterrizar uno solo de esos acuerdos, aunque fuera el más pequeño de ellos. Siempre, invariablemente, surgía un obstáculo de último minuto que echaba todo abajo. Una revuelta interna de quienes se empeñaron en destruir a la cooperativa, una extraña complicación técnica, incumplimientos de los miembros del Consejo de Administración, siempre nos fue imposible entablar una negociación seria y fructífera con el gobierno federal.
La problemática del periódico era complejísima. Aparte de nuestros pasivos laborales, que ascendían a más de 150 millones de pesos, teníamos pasivos fiscales con la Secretaría de Hacienda que excedían los 3,000 millones de pesos; pasivos con el Seguro Social que también excedían los 50 millones de pesos, pasivos con el Infonavit que se acercaban a los 10 millones. Es decir, una deuda tan solo con el gobierno federal, que excedía el valor total de la empresa. La reacción de los funcionarios con los que abordamos esta problemática tan compleja, como de urgente solución, era por decirlo en términos blandos, de indiferencia, displicente, sin ninguna voluntad real de tenderle la mano a una empresa de interés social.
Que diferente fue su reacción, su colaboración, cuando la Sociedad Cooperativa de Responsabilidad Limitada se convirtió en Sociedad Anónima. Ya en manos del gran capital, los pasivos fiscales parecieron evaporarse como por arte de magia en su enorme mayoría. Al Seguro Social se le pagó una fracción de lo que se le debía en realidad y en cuestión de menos de dos semanas, la problemática que durante años nos atormentó y para el gobierno había sido irresoluble, pasmosamente se resolvió. El propio secretario de Hacienda lo dijo en una ocasión. “De Excélsior ni me hablen, ese problema no tiene solución”. Pero era irresoluble tratándose de nosotros, los trabajadores de una empresa de interés social. Para nosotros, las puertas del gobierno federal estaban cerradas a piedra y lodo. Para el gran capital, les fueron abiertas de par en par y con alfombra roja.
Las condiciones en que se da la transferencia de la propiedad de Excélsior al Grupo Empresarial Ángeles, propietaria del Grupo Imagen el que absorbió Excélsior, evidencian una cercanía cuando menos inusual, nebulosa, opaca, con la llamada pareja presidencial. Este tipo de operaciones simple y sencillamente no prosperan sin la bendición de la Presidencia de la República. La operación, por cierto, ha sido ya denunciada en tribunales por un grupo de cooperativistas convencidos de que fuimos víctimas de venta fraudulenta.

***

Recuerdo que en 2004, invité al presidente Fox a que visitara las instalaciones de Excélsior en ocasión de nuestro aniversario el 18 de marzo, pero la respuesta de Los Pinos fue un tajante e inmediato no. Me explicó el entonces secretario particular y vocero del presidente, Alfonso Durazo, que Fox no podía visitar Excélsior sin comprometerse a visitar todas las sedes de los periódicos en cuando menos la Ciudad de México. Confieso que me sentía un poco incómodo de invitar al Presidente de la República a nuestras instalaciones que estaban tan deterioradas después de muchos años sin mantenimiento y de sabotaje de nuestros enemigos internos. Los pasillos lucían lúgubres a media luz; muchas de las áreas de trabajo, particularmente en la zona de talleres, estaban simplemente a oscuras porque no teníamos para comprar miles de focos que simple y sencillamente desaparecían cada vez que se cambiaban.
El mobiliario hubiera muy bien podido servir como leña –y recuerdo que así lo describió el dueño del Grupo Empresarial Ángeles-, simple y sencillamente leña. El equipo de cómputo eran piezas de museo. En fin, no era el recinto más digno para la visita de un Presidente de la República. Sin embargo, pensé que tal vez viendo las condiciones en que operábamos, en que producíamos un buen periódico, el Presidente se sensibilizaría ante nuestra terriblemente difícil situación y ordenaría que el propio gobierno dejara de apretarnos el cuello sin ahorcarnos totalmente, pero sí lo suficientemente fuerte como para apenas permitirnos respirar y a veces, ni eso. Pienso que esa era la mayor de las crueldades: llevarnos al borde de la muerte y después dejarte en agonía. Y el ciclo se repetía constantemente.
Sin embargo, poco más de un mes después de que Excélsior, o el Nuevo Excélsior, como se le llama ahora pasara a manos del capital privado, el Presidente Fox y su esposa visitaron las instalaciones sin sentirse de ninguna manera obligados a visitar las de otro diario. Recuerdo que uno de los trabajadores bromeo al decir que tanto Fox como su esposa habían ido a ver lo que habían comprado. ¿Bromeó realmente? Quien sabe.

***

El Seguro Social, esa magnifica institución sin lugar a dudas con que contamos los mexicanos, fue el elegido obvio para desencadenar el brutal hostigamiento contra la cooperativa. Nunca renegamos de nuestras deudas, pero era el propio Seguro Social el que no nos permitía allegarnos los recursos necesarios para poder pagar, cuando menos parcialmente, nuestros retrasos con el Instituto. Se ordenó una agresiva intervención a la Caja General que literalmente nos ahogaba. Los viernes eran una verdadera pesadilla, ya que el interventor del Seguro Social, quien tenía que autorizar todos los egresos de la caja y pagos de insumos, simplemente desaparecía. Vivíamos, o mejor dicho agonizábamos, al día y nuestro proveedor de papel nos exigía todos los viernes pago por adelantado del papel necesario para tirar el diario durante tres días. En no pocas ocasiones estuvimos a punto, a minutos de no salir porque con los camiones cargados con los rollos de papel esperando fuera del periódico, el interventor del Seguro Social no aparecía y sin su firma, evidentemente, no se nos aceptaba un cheque. La angustia era verdaderamente feroz.
La intervención del Seguro Social tenía otro efecto particularmente insidioso, que era el de agudizar los conflictos y las tensiones internas con el consecuente agravamiento de la imposibilidad de controlar una empresa de esas dimensiones. La desesperación de muchos trabajadores y trabajadores de los buenos y leales a la institución llegaba a tales extremos de exigir el cierre definitivo del periódico, de declararse recurrentemente en paro y hasta de llegar a las agresiones físicas entre grupos rivales al interior de la cooperativa.
En su designio por hostigar a Excélsior, el Seguro Social llegó al extremo criminal de girar oficios a todos los clientes del periódico prohibiéndoles que se hicieran pagos a la cooperativa y que esos pagos se hicieran directamente al Instituto. Ya no me cabía la menor duda. La intención del gobierno era evidente.
Fue entonces cuando decidí apelar directamente al Presidente Fox y con el pretexto de una entrevista, la primera por cierto que concedía un Jefe del Ejecutivo a Excélsior en más de una década, le planteé directamente y con todo detalle la crisis del periódico y su dramático aspecto humano. A bordo del avión presidencial, en un vuelo de Guadalajara a la Ciudad de México en septiembre del año pasado, platiqué privadamente con el Presidente Fox y sin rodeos le dije que no debía permitir que fuera su gobierno el que diera la estocada final a una institución de repercusión nacional como era Excélsior.
Fox escuchó la exposición con mucha atención y no dudó en llamar a su vocero, el doctor Rubén Aguilar, para encargarle que se le diera atención al problema de Excélsior al más alto nivel.
-Quiero que Carlos –dijo refiriéndose al secretario de Gobernación, Carlos Abascal-, le entre al problema de Excélsior. Y que lo haga ya.
En un par de días se arregló una entrevista formal con el secretario Abascal. Parecía que al fin habría luz al final del túnel, pero no fue así. Para mi enorme sorpresa, me encontré con un funcionario hostil, áspero, sin ningún interés real por llegar al fondo del problema financiero y fiscal de Excélsior. Sí, no puedo negarlo, me escuchó durante largo tiempo sin una sola reacción en su rostro. Temía, como sucedió, que mis palabras estaban cayendo en oídos sordos. Evidentemente no existe un sordo más sordo que el que no quiere escuchar y el secretario Abascal no quería oír de nuestros problemas.
-¿Qué crees que dirán si te salvamos el periódico comprándoles publicidad?, me inquirió el secretario.
-¿Qué cree que dirán, señor secretario, si el gobierno promueve la desaparición de una institución como Excélsior?, le respondí.
La reunión con el secretario Abascal concluyó sin ningún resultado concreto. Ahora sabemos por qué. Los planes eran ciertamente otros.
Al interior de la cooperativa, por supuesto, las cosas no mejoraban. Muy por el contrario. Las intrigas y los rumores crecían día con día hasta que apareció un personaje que había ocupado la jefatura de información que ofreció comprar, y recalco comprar, la subdirección de Excélsior. La idea de la compra-venta de un puesto directivo en Excélsior, por cierto por ese mismo individuo, había flotado con anterioridad, pero fue evidentemente desechada porque los puestos no se compran.
Pero esta misma persona, en complicidad con un grupo de parientes que también trabajaban en la cooperativa, volvió a hacer el ofrecimiento de comprar la subdirección del diario por cuatro millones de pesos. Visitaba el área de Talleres a altas horas de la noche para tratar de convencer, como al final lo hizo, que él podía allegar al periódico los recursos necesarios para que todos cobraran.
Se acercaba una fecha particularmente peligrosa, que era Navidad, y la caja del periódico no tenía para cubrir el aguinaldo. Este personaje prometió que aparte de los cuatro millones de pesos que pagaría para que lo nombraran subdirector, él conseguiría fondos para pagar el aguinaldo.
Y es con ese argumento con el que se cocina la traición final contra la Cooperativa Excélsior. El Consejo de Administración, sin consultarlo con la Dirección General como ordenaban las bases, aceptó la oferta de compra de la subdirección del periódico por esos cuatro millones de pesos.
El viernes 9 de diciembre del años pasado, en una junta con socios y trabajadores no socios, que nosotros llamábamos juntas informativas, el presidente del Consejo de Administración, Armando Heredia Suárez, hizo el anuncio estando yo presente y sin saber absolutamente nada del plan de venta de una plaza directiva. Dijo que el Consejo de Administración había decidido aceptar cuatro millones de pesos por ese puesto y hasta con facilidades de pago. Se recibirían dos millones de pesos a mediados de diciembre y los restantes dos millones de pesos hacia finales de enero.
Yo escuchaba incrédulo que el Consejo de Administración hubiera caído en una práctica tan baja como la venta de plazas, pero eso sería parte del plan de remover al Director General porque yo no aceptaba con entusiasmo la venta del periódico, sino que creía que teníamos los recursos humanos y el compromiso de socios para sacar al periódico adelante, particularmente si aprovechábamos la inminente campaña política para reposicionar la credibilidad del periódico. La credibilidad de Excélsior quedó hecha pedazos seis años atrás cuando fue literal y abiertamente entregado al entonces candidato del partido oficial, es decir, al establecimiento político derrotado en el 2000.
Yo estaba firmemente convencido de que esa era nuestra oportunidad de oro para consolidar el reposicionamiento del periódico y conservar nuestro patrimonio, pero eso era algo que no se me iba a permitir hacer.
Sabía perfectamente que la venta de la subdirección resultaría ser un fraude redondo, como lo fue. El aspirante a la subdirección nunca pagó ni un solo centavo y apareció en el directorio con el puesto de subdirector solo unos cuantos días. El periódico estaba siendo manejado como la miscelánea de la esquina para acelerar el punto de quiebre.
En esa misma reunión del 9 de diciembre le pregunté privadamente al presidente del Consejo si la decisión que acababa de anunciar era firme y respondió que sí, que el nuevo subdirector tomaría posesión el miércoles siguiente, es decir, el 14 de diciembre, una vez que diera su enganche de dos millones de pesos. Indignado, le pedí que nos reuniéramos en sesión de Consejo una vez terminada la junta informativa. En esas condiciones, no dudé un instante en decidir renunciar a la Dirección General.
En la reunión de Consejo expuse que ética y moralmente no podía aceptar la venta de una plaza directiva en Excélsior, algo que jamás sucedió en la institución y que aun menos podía aceptar que se manipulara y jugara con la necesidad de los trabajadores porque como lo sospechaba y en efecto sucedió, esos recursos jamás llegarían a la caja del periódico. Además, alguien presuntamente dispuesto a pagar cuatro millones de pesos por un puesto es porque va con la intención de lucrar con esa posición, es obvio.
Presenté entonces mi renuncia a la Dirección General, que era evidentemente el objetivo del presidente del Consejo, pero los consejeros me pidieron reconsiderar por el bien de la institución. Les pedí 24 horas para reflexionar y nos reunimos de nuevo el sábado 10. En esa junta acepté continuar al frente de la Dirección General con la condición expresa de que se respetaran las bases de la cooperativa y el reglamento de trabajo y que nadie usurpara las funciones de otros, como las había usurpado el Consejo al nombrar a un subdirector sin el conocimiento y consentimiento del director general.
Se me pidió reunirme con quien sería el subdirector y dije que lo haría una vez que pagara el enganche de dos millones de pesos, algo que sabía perfectamente no sucedería. Inmediatamente se propagaron rumores en el sentido de que yo bloquearía al aspirante a subdirector en su colecta de fondos y que pediría a todos los gobernadores del país que no lo ayudaran. Cuánto crédito me daban. Como si yo, aún siendo Director General de Excélsior, hubiera podido tomar el teléfono y simplemente ordenarles a 31 gobernadores que cerraran sus carteras cuando este señor los visitara. Y hacer todo eso en apenas tres días hubiera sido doble hazaña.
La realidad es que ya se sabía que esos recursos nunca llegarían, pero existía el compromiso contraído por el presidente del Consejo con los trabajadores de repartir los cuatro millones entre todos. El martes 13, cabalístico el día, ya tarde por la noche y a unas horas de que se tuvieran que desembolsar los primeros dos millones de pesos, que por supuesto no habían ingresado a la caja del periódico, el presidente del Consejo se vio atrapado en su propia trampa. La gente demandaba el pago y él tenía que salvar el pellejo.
El presidente del Consejo se comunicó telefónicamente conmigo para pedirme que fuera al periódico a hablar con la gente porque no querían trabajar y a entrevistarme con el aspirante a subdirector. Yo me negué rotundamente y le hice notar que ese asunto lo había originado él con el apoyo y conocimiento del gerente general y que por lo tanto afrontaran ellos su responsabilidad.
La respuesta fue la clausura totalmente ilegal de la Dirección General y la remoción, también ilegal, del nombre del director general del directorio del diario. Ese martes 13 de diciembre de 2005 el camino quedó libre para el asalto final.
Muchas gracias.


28/11/2006
COOPERATIVISTAS DE EXCELSIOR EXIGEN
ESCLARECER EL CRIMEN DE SU DIRECTOR

* Que se Investigue a Quienes

   Denuncia en su Libro

Cooperativistas del antes prestigiado periódico Excèlsior, realizaron ayer un bloqueo en la capital del país, para exigir a las autoridades judiciales el esclarecimiento del asesinato del ex director del periódico Excèlsior, José Manuel Nava Sánchez, y que se cite a declarar a todos los personajes que el ahora occiso menciona en el libro EXCELSIOR, EL ASALTO FINAL, en el que detalla los pormenores sobre la supuesta ilegalidad de la operación de compra venta del diario.

Los demandantes, se presentaron el viernes 24 de noviembre en las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), para exigir sean investigados Regino Díaz Redondo, ex presidente y director general de Excèlsior; José Andrés Barrenechea, ex director general; Olegario Vázquez Raña, presidente de Excèlsior; Armando Heredia Suárez, director de Producción de Excèlsior; Javier de Anda Herrera, encargado de la disolución de la Cooperativa Excèlsior; Alfredo Camacho Olivares, Claudio Olivera, Elías Huerta Pshinas, y otros del gobierno federal, que Nava Sánchez cita en su documento.

En un escrito entregado al Ministerio Público, que lleva las investigaciones del crimen ocurrido el 16 de noviembre pasado, los demandantes señalan que “José Manuel Nava Sánchez se llevó a la tumba muchos secretos de la operación de compra venta de Excelsior, sin embargo logró contar su historia, pero le faltó tocar la perversidad de su actuación”.<