
Por Rubí Ritchie
Después de Fidel Castro, ex presidente de Cuba, Hugo Chávez es el mandatario más controversial que existe actualmente en la faz de la tierra o por lo menos en el continente americano. Sus ideas imperiales de izquierda le han valido el nada prestigiado apodo del Stalin venezolano.
Además, es terco y necio como pocos, ya que insiste en la manoseada reelección indefinida, ha pesar de haber sido negada por el pueblo venezolano hace poco más de un año. Un hombre así es a todas luces peligroso para la democracia, la libertad y el desarrollo de nuestros pueblos. Y sobre todo genera incertidumbre: los venezolanos con quien he hablado me dicen que lo peor de vivir hoy en día en Venezuela es que cualquier cosa puede pasar estando Chávez en el poder: nacionalizar o expropiar instituciones privadas a su antojo, sin tener siquiera la mínima decencia de explicar el por qué. Como ejemplo un botón ;la reciente nacionalización de algunos bancos.
Sin embargo, y a pesar de todo lo dicho anteriormente una parte importante del pueblo venezolano lo sigue apoyando porque ha logrado algo tal vez único en América Latina, es decir que las riquezas del petróleo se inviertan en el pueblo y no se queden como antes, en unas cuantas manos de transnacionales , por cierto, trauma que no ha podido ser superado por los mexicanos hasta la fecha.
Hablar de inversión extrajera en la esfera petrolera es cuasi un pecado mortal y un flagrante atentado contra el nacionalismo mexicano.
En un sentido, más bien económico, se vive bien en Venezuela donde el gobierno tiene una gran inversión en educación, salud, tecnología, vivienda, empleo, etc. Y, como se dice cuando el pueblo no tiene hambre apoya al mandatario en el poder, con todo y sus enormes defectos.
Personalmente no me gusta su política y la veo desacertada , aunque que considero que varias de sus decisiones económicas han sido acertadas. Para que haya una clase media importante, que viva tranquila, sin miedo del mañana se necesita no sólo de un ingreso económico estable sino también confiar que el jefe de la nación no hará en cualquier momento una locura y esto no puede asegurarse de Chávez.
Por último, no deja de simpatizar a varios, tanto propios como extraños que se enfrente no solo
a las oligarquías venezolanas, sino al gobierno más conservador y fuerte del mundo, particularmente en la época más dura, como fue Estados Unidos bajo el ex presidente George Bush.
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