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06/04/ 2026 |
Elecciones del 3 de noviembre amenazan
con poner en jaque
a Donald Trump
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“Una araña paciente y silenciosa,
vi en el pequeño promontorio en que
sola se hallaba,
vi cómo para explorar el vasto
espacio vacío circundante,
lanzaba, uno tras otro, filamentos,
filamentos, filamentos de sí misma”.
Walt Whitman
Por Octaviano Lozano Tinoco
Analista político internacional
Las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre en Estados Unidos podrían marcar un punto de inflexión dramático en el segundo mandato de Donald Trump.
Según analistas y encuestas recientes, los demócratas tienen posibilidades reales de arrebatar a los republicanos el control de la Cámara de Representantes, el Senado o ambas cámaras.
De ocurrir, se complicaría gravemente la agenda legislativa del presidente y se abriría la puerta a investigaciones intensas, audiencias de supervisión y, eventualmente, a un nuevo proceso de impeachment (juicio político).
El impeachment es un mecanismo constitucional en Estados Unidos para acusar y destituir a altos funcionarios, incluido el presidente, por “traición, soborno u otros delitos y faltas graves”. La Cámara de Representantes actúa como fiscal y aprueba los cargos por mayoría simple; el Senado funciona como jurado y requiere una mayoría de dos tercios para condenar y remover al funcionario del cargo.
En un posible juicio político contra Trump, los demócratas podrían imputarle cargos como: obstrucción a la justicia, abuso de poder, usurpación de facultades del Congreso (por ejemplo, en declaraciones de guerra o uso de decretos ejecutivos), violación de la separación de poderes, corrupción o soborno, y abuso en el ejercicio de indultos o en la dirección del Departamento de Justicia contra opositores políticos.
Algunos proyectos de resolución ya mencionan “crímenes de guerra” o “agresión ilegal” en conflictos internacionales, así como posibles conflictos de interés derivados de negocios familiares.
El apoyo popular al presidente se encuentra en mínimos históricos para su segundo mandato. Su índice de aprobación ronda el 37-39 %, con un saldo neto negativo de alrededor de -20 puntos, niveles comparables a los del presidente Richard Nixon poco antes de su renuncia por el escándalo Watergate.
Esta baja popularidad, impulsada por el descontento económico, la inflación y el costo de la vida, pone en riesgo la mayoría republicana en el Congreso, ya que históricamente el partido del presidente pierde escaños en las elecciones de noviembre.
La crisis de Nixon comenzó en 1972 con el allanamiento a las oficinas del Comité Nacional Demócrata en el complejo Watergate. La investigación del Washington Post y del Senado reveló una red de espionaje, financiamiento ilegal y encubrimiento desde la Casa Blanca. Ante pruebas irrefutables, incluyendo grabaciones que demostraban obstrucción a la justicia, Nixon renunció el 8 de agosto de 1974 para evitar un impeachment casi seguro.
Ante el panorama adverso de 2026, Trump ha recurrido a medidas ejecutivas controvertidas. A finales de marzo firmó un decreto que impone nuevas restricciones al voto por correo, argumentando la necesidad de prevenir fraudes.
La orden obliga a los estados a compartir listas de votantes con el Servicio Postal de Estados Unidos (USPS) con antelación, exige sobres con códigos de barras rastreables y fortalece la verificación de ciudadanía mediante bases de datos federales.
Sin embargo, la medida ha generado fuertes críticas y demandas judiciales, especialmente porque el propio Trump ha votado por correo en elecciones anteriores.
Organizaciones de derechos electorales y varios estados han anunciado recursos legales, calificándola como un intento de “elegir a sus propios votantes”.
Los expertos coinciden en que, si los republicanos pierden el control del Congreso, Trump enfrentaría dos años de parálisis legislativa, constantes audiencias de supervisión y la posibilidad real de un juicio político, similar a los dos que vivió en su primer mandato.
Más allá de las fronteras estadounidenses, algunos analistas internacionales ven en una posible salida de Trump de la Oficina Oval —ya sea por derrota electoral, impeachment o renuncia— un “respiro” para el mundo.
Esto podría abrir espacio para reformas profundas en la estructura de la ONU y en la diplomacia multilateral del siglo XXI, permitiendo un nuevo equilibrio en temas como el cambio climático, los conflictos armados y la gobernanza global.
Enriquecimiento familiar durante la gestión presidencial
Paralelamente, ha generado controversia el notable incremento patrimonial de la familia Trump. Mientras Donald Trump ocupa la Oficina Oval, sus hijos Donald Jr., Eric y Barron, así como su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner, han visto crecer significativamente su fortuna.
Según reportes financieros y análisis de medios, la familia ha duplicado o triplicado su riqueza en poco tiempo, principalmente a través de negocios inmobiliarios, clubes privados, marcas de merchandising y, sobre todo, operaciones en criptomonedas como World Liberty Financial.
Donald Jr. y Eric han viajado a Oriente Medio y Europa promoviendo la marca Trump y cerrando acuerdos que, según críticos, aprovechan el acceso político de su padre. Jared Kushner, tras su paso por la Casa Blanca, fundó un fondo de inversión que recibió miles de millones de dólares de países como Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Ivanka reportó ingresos millonarios por su participación en propiedades hoteleras cercanas al poder. Incluso Barron Trump, de 19 años, ha sido vinculado a ganancias en el sector crypto.
Críticos señalan posibles conflictos de interés, aunque la familia defiende que se trata de actividades legítimas separadas del cargo presidencial.
El escenario actual es de alta tensión. Mientras Trump y los republicanos intensifican su campaña para mantener el control del Congreso, los demócratas buscan capitalizar el descontento ciudadano. Las primarias ya están en marcha en varios estados y la contienda se calienta mes a mes.
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05/04/ 2026 |
Los estadounidenses
en su laberinto
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“Aquí en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hermano,
otro presidente tuvo que dejar el cargo.
La gente que cree en la política
es como la gente que cree en Dios:
soban aire con pajitas
torcidas”
Charles Bukowski
Por Octaviano Lozano Tinoco
Analista político internacional
Los estadounidenses parecen atrapados en un laberinto y no encuentran la forma de enfrentar al gobierno del presidente Donald Trump, ensombrecido por acusaciones de genocidio y denuncias de pedofilia.
La política cínica que impulsa el republicano ha dinamitado las Naciones Unidas y la diplomacia internacional construida tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, sumiendo a su propio país en un laberinto del que le cuesta salir.
Con la mano en la cintura, Trump exige hoy que Canadá se convierta en el estado número 51 de Estados Unidos, que Groenlandia pase a formar parte del país por “intereses de seguridad nacional” —ya sea mediante su compra o una ocupación militar— y reclama que el Canal de Panamá vuelva al control de la Casa Blanca.
Afirma haber puesto fin a ocho guerras, que no es así, pero junto con Israel ha iniciado un ataque frontal contra Irán con el objetivo de controlar sus ricas reservas petroleras y regresarlo, con sus bombardeos, a la “edad de piedra”.
A principios de año, lanzó una operación militar en Venezuela que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, acusados de vínculos con el narcotráfico.
Sin embargo, el llamado Cartel de los Soles, al que Estados Unidos vinculaba a la familia Maduro, ha sido desmentido en su existencia por las propias autoridades estadounidenses.
Aun así, el caso contra Maduro sigue adelante.
Trump actúa como “un elefante en una cristalería”: causa destrozos en la convivencia internacional y derriba puentes diplomáticos bajo el lema “América Primero” y sus seguidores afirman que es el nuevo “Jesucristo en la tierra”
En el plano interno, desató una cacería violenta contra la población migrante que ha dejado muertos y miles de encarcelados, incluso deportados a terceros países como Sudán del Sur.
La guerra contra Irán ha provocado un fuerte aumento en el precio de la gasolina, que ronda los 5 dólares por galón en algunas zonas, y ha acelerado la caída en la popularidad del presidente.
Solo el 30 % de los estadounidenses aprueba su gestión, mientras más del 60 % la rechaza. Es evidente que, cuando el refrigerador del estadounidense común se vacía, comienza a movilizarse contra el gobierno.
Sin embargo, rara vez identifica con claridad al enemigo real. El ciudadano promedio parece no querer reconocer que su país, durante más de un siglo, ha cometido actos ilegales en todo el mundo para obtener beneficios para sus empresas y su población.
Si Estados Unidos ha logrado progreso, no se debe a que su sistema político y económico sea el mejor del mundo, sino a que ha vivido del saqueo y las guerras para someter a otras naciones.
Ante esa burbuja de percepción, resulta comprensible que una gran marcha que reunió a más de 8 millones de personas en distintas ciudades del país se diluya políticamente bajo el lema “No Kings” (No Reyes).
No, señores estadounidenses: no se enfrentan a un “rey”, sino a un líder acusado de ser pedófilo, genocida, cínico y delincuente, que ha entregado su país a los grandes empresarios y pone en riesgo la democracia estadounidense —que no es modélica ni ejemplo mundial—, pero que ustedes han defendido como propia.
Si no identifican claramente a qué se enfrentan, no podrán confrontar a una cúpula política que los devora poco a poco y seguirán perdidos en su laberinto.
Quizá el nudo del asunto sea que no quieren reconocer que Estados Unidos es un imperio que ha causado más destrozos en el mundo que beneficios reales.
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