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Una crónica de la Ciudad de México y sus multitudes
07 de abril de 2021


Por Rubén Gallo/The New York Times
6 de abril de 2021

VERTIGO HORIZONTAL. Una ciudad llamada México
Por Juan Villoro
La Ciudad de México, una vasta megalópolis de más de 20 millones, fundada hace 500 años y erigida sobre lo que alguna vez fue el lecho de un lago, es sobre todo un lugar de contradicciones: es el hogar de algunos de los multimillonarios más ricos del mundo, así como de migrantes indígenas que vivir en las calles; es una de las capitales más progresistas de América (el matrimonio entre personas del mismo sexo se legalizó hace más de una década y las empresas están obligadas por ley a mostrar avisos que indiquen que no discriminan por motivos de raza, género o discapacidad) y también un lugar donde, en promedio, cinco personas son asesinadas cada día. Cuenta con más museos que París (más de 150), así como con decenas de miles de residentes analfabetos.

Con su intensidad y predilección por la hipérbole, la ciudad también ha atraído la atención de los escritores. “Where the Air Is Clear” (1958), la novela más ambiciosa de Carlos Fuentes, busca retratar la miríada de clases sociales, profesiones y lugares que hicieron de la capital uno de los centros urbanos más modernos de la América Latina de los años cincuenta. En las décadas de 1970 y 1980, Carlos Monsiváis exploró las áreas marginales de la ciudad, desde los sórdidos bares gay hasta los cabarets de la clase trabajadora, y narró el surgimiento de un movimiento cívico a raíz del terremoto de 1985.

Juan Villoro, un consumado novelista y periodista, ha seguido sus pasos. Villoro nació en 1956 y alcanzó la mayoría de edad en la década de 1970, una década oscura marcada por la corrupción, las crisis económicas y la violencia estatal contra estudiantes y activistas sociales. Cuando tenía 20 años, condujo un programa de radio dedicado a la música rock y publicó libros de no ficción en La Jornada, el periódico más comprometido políticamente del país. Asistió a conciertos de los Rolling Stones, se unió a un partido de izquierda radical y, cuando la Ciudad de México se convirtió en el estado número 32 del país, fue invitado a participar en la redacción de la constitución de la ciudad.

En “Vértigo horizontal”, Villoro relata su notable compromiso con la Ciudad de México en capítulos dedicados a una amplia gama de temas: ovnis (un taxista explica elocuentemente las diferentes formas que estos objetos pueden tomar y detalla sus encuentros con ellos); el metro (inaugurado en 1969, transporta más de cinco millones de pasajeros por día y funciona como una ciudad subterránea en toda regla); los franeleros traposos que alquilan ilegalmente estacionamientos en la calle y cobran unos pesos por “cuidar el auto”; la iglesia de Santo Domingo, donde un sacerdote erudito y anciano pasó décadas denunciando la violencia política mientras citaba a Giorgio Agamben y los Evangelios en sus sermones; la pandemia de gripe porcina de 2009; y el terremoto de 2017, que arrasó decenas de edificios y dejó más de 300 muertos.

Villoro relata sus aventuras con una mezcla de ironía y empatía, con sentido del humor y sentimiento por el absurdo. Está exquisitamente sintonizado con las contradicciones y matices de la capital, y sabe escuchar a sus habitantes. Hay momentos profundamente conmovedores en este libro, como el recuerdo de una activista por la justicia social que una vez visitó a una mujer en una choza: le preguntó si quería lavarse las manos o tomar un té. Dijo que le gustaría ambos. “Pero solo tengo un vaso de agua”, respondió la mujer.

 

Para aquellos de nosotros que hemos sido testigos de la evolución de la Ciudad de México desde lo que Monsiváis describió como una megalópolis “postapocalíptica” en la década de 1980 hasta la ciudad global de la década de 2020, el libro de Villoro es como una máquina del tiempo. En sus páginas, el lector vuelve a visitar un lugar que ya no está: un centro urbano donde las avenidas estaban abarrotadas de VW; una ciudad donde los secretarios de los funcionarios gubernamentales enviaban un correo electrónico y luego llamaban al destinatario para asegurarse de que había llegado; un lugar donde una visita a una oficina de la ciudad podría convertirse en un calvario kafkiano después de que un empleado anunciara que el asunto requería convocar al encargado , el superior.

A pesar de su tono optimista inquebrantable, Villoro ofrece algunos destellos de las recientes transformaciones que han convertido a la ciudad en un lugar mucho más oscuro y menos humano ya que la capital “se convirtió en rehén de narcotraficantes, tribus de vendedores, distribuidores de bienes pirateados, los más especulativos intereses inmobiliarios y una economía que privilegiaba las franquicias internacionales y aumentaba la desigualdad social ”.
A esta lista se podrían agregar los estragos producidos por el repentino abrazo de pantallas, aplicaciones y redes sociales. En una ciudad donde todo el mundo parece estar mirando un teléfono, ¿será Villoro el último cronista de la Ciudad de México?

Rubén Gallo es el autor de "El México de Freud: en la selva del psicoanálisis" y "Los latinoamericanos de Proust". Enseña literatura en la Universidad de Princeton.

VERTIGO HORIZONTAL
Una ciudad llamada México
Por Juan Villoro
Traducido por Alfred MacAdam


 
¿La destrucción de Morena?
06 de abril de 2021


GIBRÁN RAMÍREZ REYES

Tomado de MILENIO


El proceso de selección de candidatos de Morena fue pésimamente conducido por Mario Delgado y la comisión de elecciones de Morena. Entre los candidatos impresentables hay despojadores de tierras ejidales de Quintana Roo; partidarios indecentes de Manuel Velasco en Chiapas, incluyendo a un ganadero racista de Comitán que dijo que el ganado valía más que los indios; en Oaxaca, operadores de Ulises Ruiz y antilopezobradoristas reconvertidos, aunque fueran señalados por la Auditoría Superior de la Federación por irregularidades graves, como Juanita Cruz, la actual presidenta de Huajuapan de León. Hay también defraudadores, acusados de pedir dinero a familias a cambio de construirles viviendas que nunca llegaron, como Héctor Sánchez Salmorán, en Itundujia, también en Oaxaca.

Hay, en Hidalgo, personas ligadas a la mafia del grupo universidad y a Miguel Osorio Chong, además de un ex subsecretario de Peña Nieto. Son candidatos, en Puebla, caciques que operaron fraudes electorales con Moreno Valle, y el tío del dueño del partido verde en aquella entidad, desde luego sin ganar encuestas. Está, en San Luis, Xavier Nava, que fue hace poco simpatizante y financiador de Frenaaa. En Guanajuato hay miembros de la derecha huachicolera del panismo local, y defensores de lo podrido del viejo régimen hasta hace 15 minutos, como Luis Antonio Magdaleno, además de oportunistas que no traen ni siquiera arrastre social en el morral, como Jessica Cabal. Se incluyó también a poderes caciquiles de Michoacán, que han pasado por todos los partidos; al Billy Chapman y su ex tesorera, dos sentenciados por violencia política en razón de género en Ahome, Sinaloa, donde además “ganó la encuesta” (es un decir) alguien que no se había inscrito en ella. Se incluyó también como candidato nuestro, en Chihuahua, a un panista que hace semanas competía por la candidatura a gobernador de ese partido; a priistas vinculados con César Duarte y, en el lugar tres de esa lista plurinominal, a Armando Cabada, un beneficiario confeso de su millonaria nómina secreta.

Hay también un diputado con una orden de aprehensión vigente en Coahuila (Francisco Javier Borrego), y mucha gente que miente, roba y traiciona. Necesitaría una plana del periódico para enlistar todos sus nombres. Nos abandera, en Reynosa, el hijo de la alcaldesa saliente del PAN. Hay candidatos perdedores, pero con buenas relaciones arriba, que fueron impuestos después de que sus adversarios habían obtenido el consenso estatal para abanderar a Morena, una misión casi imposible, en Morelia y en Mérida. Hay usurpadores de la cuota indígena, ya denunciados por la Red Nacional Indígena, como El Mijis, además de gente siendo juez y parte, como la miembro de la comisión de elecciones, Esther Gómez, también plurinominal de cuota indígena autoasignada. Y ya hablando de conflictos de interés, hay también en la lista plurinominal delegados que decidieron candidaturas, como las suyas, en cada circunscripción —el caso de Cantón Zetina—, y miembros de la comisión de las míticas encuestas —Ivonne Cisneros— que, según dijo Pedro Miguel, no definían candidatura alguna en Morena, sino que solo daban elementos a los definidores, que son, según su mismo dicho, la comisión de elecciones. Hay hijos de funcionarios federales, como la delegada de bienestar en Nuevo León. Hay, en resumen, impresentables, conflictos de interés y derechistas semillas de traición. Los decidieron cinco personas ¿por qué? _


 
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