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Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
CIUDAD DE MEXICO, ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, 26 de enero de 2026.-La compra de nueve camionetas de lujo blindadas por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación no es un hecho aislado ni un simple tropiezo administrativo. Representa la erosión del discurso de austeridad que MORENA, el partido en el poder, ha utilizado como bandera moral y arma política. Mientras se repite que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, los ejemplos de excesos, lujos y privilegios dentro del oficialismo se acumulan con una naturalidad que ofende y exhibe una austeridad simulada.
Los excesos de magistrados, funcionarios y políticos de MORENA —viajes, joyas, estilos de vida, contratos opacos, gastos superfluos— contrastan con la narrativa de sacrificio y pureza que el movimiento ha utilizado para diferenciarse de sus adversarios.
Pero la realidad es otra:
la austeridad se ha vuelto selectiva, aplicada con rigor hacia abajo y con indulgencia hacia arriba.
Mientras tanto, la gente enfrenta inflación, inseguridad, servicios públicos deteriorados y un costo de vida que no deja de subir. En ese contexto, cada viaje de lujo, cada joya, cada camioneta blindada, cada privilegio disfrazado de necesidad institucional, se convierte en una afrenta.
La consecuencia más grave: la pérdida de autoridad moral
La austeridad no es solo una política pública; es un símbolo.
Y cuando ese símbolo se rompe, se rompe también la credibilidad de quienes lo enarbolan.
Mientras millones de familias mexicanas ajustan cada peso, la élite política que prometió ser distinta se mueve con comodidad en un mundo de privilegios que niega en público, pero disfruta en privado.
La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que con la compra de esos vehículos se ahorraron más de mil millones de pesos, lo que ha sido muy cuestionado por la población.
No solo los nuevos magistrados son vistos con recelo; también muchos políticos de MORENA, que tras vivir en la pobreza, al llegar al poder exhiben conductas que generan cuestionamientos públicos:
✦ Los viajes de lujo de Gerardo Fernández Noroña
El diputado, que presume cercanía con el pueblo y se presenta como defensor de la austeridad, ha protagonizado viajes internacionales con costos que contradicen su discurso. Vuelos en primera clase, hoteles de alto nivel y giras que poco tienen de “republicanas” exhiben una distancia evidente entre su narrativa y su estilo de vida político.
✦ Los viajes del hijo del expresidente
El estilo de vida de Andy López, hijo mayor del expresidente Andrés Manuel López Obrador —con viajes, hospedajes y comodidades que difícilmente encajan en la narrativa de “vivir en la justa medianía”— abrió una grieta profunda en la credibilidad del discurso presidencial.
✦ El collar de lujo de la alcaldesa de Acapulco
La alcaldesa Abelina López generó indignación al aparecer con un collar de alto valor en un municipio devastado por la desigualdad, la violencia y la crisis económica.
Su explicación —que se trataba de un regalo del pueblo— no solo resultó inverosímil, sino ofensiva para quienes enfrentan carencias diarias. Es el tipo de desconexión que revela cómo algunos funcionarios han confundido representación con privilegio y servicio público con culto personal.
Un patrón que ya no se puede ocultar
La nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación, empezó gastando a manos llenas, por ejemplo en el ritual de “purificación” del bastón de mando pagó más de un millón de pesos, por la realización de ese rito, pero ahora presionada por la indignación social, ha anunciado que devolverá o reasignará las camionetas. Pero esa rectificación no borra el gesto original.
Al contrario: confirma que solo reaccionaron cuando la crítica los alcanzó.
Y lo más importante:
ya enseñaron el cobre.
Y eso queda grabado en la memoria colectiva, donde los excesos no se olvidan, aunque se devuelvan las llaves.
eab_elya@yahoo.com.mx
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¿Hay riesgo de invasión
militar estadounidense en México? |

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
CIUDAD DE MEXICO, ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, 19 de enero de 2026.- La reciente polémica del aterrizaje de un avión Hércules C‑130 de Estados Unidos en Toluca reavivó el fantasma de la posibilidad de una intervención militar estadounidense en territorio mexicano. Y, pese a todo lo que se pueda pensar, la verdad es que no existe un riesgo real de invasión militar a México. Pero lo innegable es que existen tensiones profundas en la relación bilateral.
Estados Unidos no tiene incentivos estratégicos, económicos ni diplomáticos para emprender una acción bélica contra su principal socio comercial.
Una intervención militar rompería el T‑MEC, colapsaría cadenas de suministro críticas y desataría una crisis internacional que aislaría a Washington en un momento en que compite con potencias como China.
Además, la Carta de la ONU y la Carta de la OEA prohíben explícitamente el uso de la fuerza contra otro Estado, salvo en casos extremos que no aplican a México.
Sin embargo, el riesgo no está en los tanques ni en los marines, sino en algo más sutil: la narrativa.
Desde hace años, sectores políticos estadounidenses —especialmente en periodos electorales— han utilizado a México como plataforma retórica para mostrar “mano dura” frente al narcotráfico.
El presidente Donad Trump lo prometió en campaña y lo ha cumplido en su Mandato: designar a los cárteles como terroristas, autorizar operaciones especiales o “intervenir si México no puede solo”.
Sin embargo, sólo son discursos que no se traducen en órdenes militares, pero sí en presiones crecientes para doblegar políticamente a su vecino del sur y lograr negociaciones muy ventajosas para su país.
A Trump se le conoce como el gran negociador, incluso él mismo lo ha dicho “cuando inició una negociación entro golpeando, hago sentir al otro inferior a mí y cuando lo tengo cercado, negoció, pido lo que quiero y lo obtengo.
Ahora, dice que el T-MEC no le interesa. Falso, es sólo pose de negociador para obtener el mayo beneficio en este tratado, para así recuperar económicamente a Estados Unidos.
La cooperación en seguridad, como la capacitación que motivó la llegada del Hércules C‑130, es parte de acuerdos bilaterales vigentes.
No es nueva ni secreta.
Pero en un clima político polarizado, cualquier movimiento militar estadounidense —por rutinario que sea— se convierte en combustible para teorías de intervención.
La presidenta Claudia Sheinbaum aclaró el tema, pero muchos no le creen y temen una invasión estadounidense.
Sheinbaum ha reiterado:
“México debe mantener una postura firme: cooperación sí, subordinación no. Transparencia sí, alarmismo no. La soberanía no se defiende con estridencia, sino con claridad institucional, diplomacia activa y control riguroso de los acuerdos de seguridad”.
La invasión militar no está en el horizonte.
La respuesta sigue siendo clara: no hay riesgo real de una invasión militar de Estados Unidos a México.
Y no lo hay porque ambos países están entrelazados de una manera tan profunda —económica, social, demográfica y geográfica— que un conflicto militar sería no solo irracional, sino autodestructivo para ambos.
México y Estados Unidos comparten más de 3,000 kilómetros de frontera, la más transitada del mundo.
La frontera no divide: conecta. Y esa conexión hace que cualquier conflicto militar sea impensable en términos prácticos.
La economía de ambos países está integrada al grado de que funcionan como un solo sistema productivo.
México es el principal socio comercial de Estados Unidos.
Estados Unidos es el principal socio comercial de México.
El T‑MEC consolidó cadenas de suministro que cruzan la frontera varias veces antes de convertirse en productos finales.
Una intervención militar destruiría:
Una intervención militar paralizaría estas operaciones y provocaría pérdidas multimillonarias para empresas estadounidenses.
En Estados Unidos viven más de 37 millones de personas de origen mexicano
De ellas, alrededor de 11 millones nacieron en México.
Son la comunidad migrante más grande del país.
Además:
Los mexicanos sostienen sectores enteros de la economía estadounidense.
Contribuyen con 13 mil millones de dólares al año al Seguro Social de Estados Unidos.
Su consumo representa el equivalente al 1% del PIB estadounidense.
Una invasión militar pondría en riesgo a la mayor comunidad migrante en la historia de Estados Unidos.
Entonces, ¿por qué surge el miedo?
Por tres razones:
1. Retórica política en Estados Unidos
Algunos políticos usan a México como herramienta electoral, hablando de “intervenciones” o “acciones militares contra cárteles”.
2. Desinformación
Alertas aéreas o movimientos rutinarios de cooperación se interpretan como señales de intervención.
3. Memoria histórica
La invasión de 1846 sigue siendo una herida simbólica que resurge en momentos de tensión.
Pero ninguna de estas razones constituye un riesgo real.
Conclusión: No hay riesgo de invasión. Hay interdependencia.
La relación entre México y Estados Unidos no es de dominación militar, sino de interdependencia estratégica.
Más de 1.6 millones de estadounidenses viven en México.
Más de 37 millones de mexicanos viven en Estados Unidos.
Miles de empresas estadounidenses dependen de México.
El comercio bilateral supera los 800 mil millones de dólares anuales.
La frontera es la más dinámica del planeta.
Una invasión militar destruiría todo esto. Y ningún país destruye aquello de lo que depende para sobrevivir.
El verdadero reto no es militar: Es político, diplomático y narrativo.
México debe seguir defendiendo su soberanía con firmeza, pero también con inteligencia.
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MEXICO ENTRE LA SOBERANIA
Y LA AMBICIÓN GEOPOLITICA

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
México vuelve a colocarse en el centro del tablero internacional, no por decisión propia, sino por la forma en que Estados Unidos redefine sus prioridades estratégicas bajo el gobierno de Donald Trump. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en que la relación bilateral debe sostenerse sobre el respeto mutuo y la soberanía, Washington avanza en una lógica distinta: presión, condicionamiento y expansión de su influencia territorial y militar.
El anuncio de Trump sobre su intención de “encontrar una solución” para Groenlandia —un territorio que considera vital para la seguridad nacional— no es un gesto aislado. Forma parte de una visión más amplia en la que Estados Unidos busca asegurar posiciones geoestratégicas antes de que lo hagan China o Rusia. Si el Ártico es un punto de disputa global, también lo es el corredor energético, migratorio y comercial que atraviesa México.
En paralelo, la Casa Blanca endurece su política migratoria: suspende visas de inmigrante para 75 países, incrementa deportaciones, presiona a gobiernos latinoamericanos y utiliza la revocación de visas a políticos como herramienta diplomática. Todo esto ocurre mientras México se convierte en proveedor clave de petróleo para Cuba, una decisión soberana que irrita a Washington y que Trump interpreta como desafío directo.
La pregunta que surge es inevitable: si Trump ya puso la mirada en Groenlandia, ¿también quiere a México como pieza de su estrategia de control regional?

La respuesta no es sencilla. Estados Unidos depende profundamente de México: de su comercio, de su mano de obra, de su frontera compartida, de su estabilidad política y de su papel como amortiguador migratorio.
Cualquier intento de dominación directa —militar, territorial o económica— tendría costos enormes para Washington, no solo en términos diplomáticos, sino también económicos y de seguridad. México no es un territorio remoto como Groenlandia; es un país de 130 millones de habitantes, con una economía interconectada y una relación bilateral que sostiene a ambos lados de la frontera.
Y hay un elemento adicional que vuelve aún más absurda cualquier amenaza de agresión: México, Estados Unidos y Canadá serán anfitriones del Mundial de la FIFA 2026. El planeta entero tiene los ojos puestos en Norteamérica.
Millones de aficionados viajarán, miles de millones seguirán los partidos, y la región se juega no solo prestigio, sino estabilidad económica y política.
Un ataque de Trump contra México en este contexto no solo sería un desastre diplomático: sería un golpe directo a la imagen global de Estados Unidos, a su industria turística, a su seguridad interna y a su credibilidad como anfitrión mundial. El mundo quiere venir al Mundial, no a una zona de conflicto.
Por eso, la insistencia de Sheinbaum en la soberanía no es retórica: es un recordatorio de que México no puede permitir que su destino sea definido desde fuera. La región vive un reacomodo profundo —Venezuela, Cuba, Colombia— y cada movimiento de Washington repercute en la estabilidad continental.
México está obligado a leer con claridad el momento histórico: Trump quiere conquistar Groenlandia, pero también quiere moldear a México según sus intereses. La verdadera pregunta es si a Estados Unidos le conviene hacerlo, y la respuesta, aunque incómoda, apunta a que un México fuerte, soberano y estable es más útil para Washington que un México sometido o fracturado.
Y es justamente esa fortaleza, esa soberanía y esa estabilidad lo que México debe defender.
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2026 Abre Derribando Dictadores

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
El 2026 no llegó: irrumpió. En apenas unos días, el mundo ha sido testigo de movimientos en Venezuela, Cuba, Colombia, México, Estados Unidos e Irán que, en otro momento, habrían tomado meses o años. Hoy, todo ocurre a velocidad de vértigo, como si el planeta hubiera entrado en una fase de reacomodo inevitable.
La caída de Maduro: un giro histórico en Venezuela
La detención de Nicolás Maduro y el inicio de su proceso judicial marcaron uno de los acontecimientos más inesperados del arranque del año. La operación militar que lo capturó dejó más de 100 personas fallecidas y un número similar de heridos, según cifras del propio gobierno venezolano. Venezuela, tras años de crisis política, económica y humanitaria, enfrenta ahora un escenario completamente nuevo. La región observa con atención, consciente de que cualquier cambio en Caracas tiene repercusiones hemisféricas.
Irán: protestas que desafían al poder
En Medio Oriente, las manifestaciones en Irán continúan pese a las restricciones y la tensión interna. Las protestas se han extendido a más de 200 localidades, con al menos 20 personas muertas y miles de detenidos, de acuerdo con reportes internacionales. La población exige transformaciones profundas, y la comunidad internacional sigue de cerca un movimiento que podría redefinir el equilibrio regional.
Estados Unidos: un liderazgo que busca expandirse
Las declaraciones y movimientos recientes del presidente Donald Trump han generado debate global. Entre los temas que han captado atención internacional se encuentran
Su interés en adquirir Groenlandia, interpretado por analistas como un intento de ampliar la influencia estratégica de Estados Unidos en el Ártico.
Su propuesta de considerar a Marco Rubio para un rol relacionado con Cuba.
Su respaldo público a figuras como Eduardo Verástegui y Ricardo Salinas Pliego, quienes han expresado aspiraciones políticas en México.
Estos movimientos han sido interpretados por diversos observadores como parte de una estrategia más amplia de influencia regional.
México: entre presiones externas y un clima político en transformación
México inicia el año en un entorno complejo. Por un lado, la actividad sísmica —normal para un país ubicado en el Cinturón de Fuego— ha generado inquietud social. Por otro, las declaraciones provenientes de Washington han provocado debate interno sobre la relación bilateral y los retos que enfrenta el país en materia de seguridad, migración y política exterior.
Analistas coinciden en que, aunque el discurso estadounidense es fuerte, la interdependencia económica y los compromisos internacionales siguen siendo factores clave para mantener la estabilidad.
Un mundo que se reconfigura
La caída de un mandatario, las protestas en un régimen consolidado, las tensiones diplomáticas y los movimientos estratégicos de las potencias muestran que 2026 será un año de definiciones. Los viejos equilibrios ya no funcionan. Los nuevos aún no se establecen.
Estamos en un punto de inflexión.
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