Por mis Plumas Junio 2026
 


 

 

 

 

 



FEBRERO



 

 













 


 

 

SU DESTINO ES SU APELLIDO: TRUMP = TRIUNFO.
CUMPLE  80 AÑOS

 

 

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

Donald Trump cumplió 80 años celebrando como solo él sabe hacerlo: rompiendo protocolos, desafiando tradiciones y enviando mensajes políticos envueltos en espectáculo. Esta vez, lo hizo desde la Casa Blanca, presenciando una velada de artes marciales mixtas, un escenario tan atípico como revelador del personaje que ha marcado la política mundial durante más de medio siglo.


Pero detrás de la fiesta, los aplausos y las luces, el cumpleaños de Trump llega acompañado de dos “regalos” que él mismo presume como trofeos: una paz negociada con Irán que no ganó en el campo de batalla, y una ofensiva política y judicial contra México que sacude a un país en plena efervescencia electoral.


Trump no solo celebró un año más de vida. Celebró su capacidad de seguir moviendo el tablero geopolítico a su antojo.


De niño rico a arquitecto del caos: la vida marcada por el apellido “Trump–Triunfo”
La historia de Donald Trump parece escrita para demostrar que, en su caso, el apellido fue destino.

 


Nacido en una familia adinerada de Queens, Trump creció bajo la sombra de un padre que construyó un imperio inmobiliario y que le enseñó una lección que marcaría su vida: el mundo se divide entre ganadores y perdedores. Desde entonces, Trump decidió que nunca estaría en el segundo grupo.



En su juventud, Trump no solo recibió dinero; recibió un guion. Transformó los negocios familiares en un espectáculo mediático, convirtió su apellido en sinónimo de lujo y aprendió a usar la prensa como arma.

 

 

Su ascenso no fue lineal, pero siempre fue hacia arriba, incluso cuando sus empresas quebraban. Trump caía… y Trump resurgía.

 


En su madurez, Trump entendió que su verdadero escenario no eran los rascacielos, sino la política.

 

 

Su llegada a la Casa Blanca fue un terremoto global: rompió alianzas, desafió instituciones, insultó adversarios y gobernó como si el mundo fuera un ring. Para sus seguidores, era el líder fuerte que necesitaban. Para sus críticos, un peligro para la democracia.

 

 

Hoy, a los 80 años, Trump no se retira. No se modera. No se apaga. Al contrario: su influencia es más disruptiva que nunca. Su cumpleaños no es un cierre de ciclo, sino un recordatorio de que sigue siendo el hombre que define la agenda continental.

 

Primer “regalo”: la paz con Irán… una paz sin victoria


Trump anunció un acuerdo de paz “inmediato y permanente” con Irán, un país al que no logró derrotar militarmente pese a meses de ataques, amenazas y escaladas.

 

Lo presenta como un logro personal, un regalo de cumpleaños que confirma su liderazgo global.

 

Pero la realidad es otra:


Estados Unidos no ganó la guerra.
No desmanteló la estructura militar iraní.
No impuso las condiciones que prometió.

          
La paz llegó como un alto al fuego negociado, no como una victoria.

 

Aun así, Trump la exhibe como trofeo, como si el simple hecho de firmarla lo convirtiera en vencedor.

 

 

Segundo “regalo”: presión sobre México en plena efervescencia electoral


Mientras presume paz en Medio Oriente, Trump endurece su discurso hacia México.

 

La periodista estadounidense Sara Carter —cercana a los círculos de seguridad nacional— afirma que Washington busca “desmantelar las estructuras criminales de México, incluyendo a aquellos dentro del gobierno que se han vendido a los cárteles”.

 

Sus declaraciones apuntan directamente al Cártel de Sinaloa y a funcionarios que, según investigaciones estadounidenses, habrían protegido a Los Chapitos, Los Mayitos y la estructura heredada de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

 

El impacto político es devastador:


Ha ordenado cancelar laa Visa a 25 políticos mexicanos.


Entre 8 y 12 funcionarios están bajo investigación formal en cortes federales de EE.UU.


Al menos 4 extradiciones están en proceso.

      
Aunque Carter no mencionó nombres, sus palabras aluden claramente a figuras de alto nivel en Sinaloa, empezando por el gobernador Rubén Rocha Moya, separado del cargo para que sea investigado por Estados Unidos, al igual que otros políticos en activo del gobierno de MORENA.

 

 

En un México que se prepara para nuevas elecciones, estas acusaciones caen como un misil político.

 

Trump, desde Washington,  a sus 80 años se convierte en un gran elector externo, capaz de alterar la narrativa nacional con una sola frase.

 

 

En tanto, en México la violencia política no cede: el reciente asesinato del alcalde de Oaxaca confirma que las elecciones mexicanas se desarrollan en un país donde el crimen organizado disputa territorios, presupuestos y poder.

 

El cumpleaños número 80 de Donald Trump no es solo una fecha simbólica.

 

Es un recordatorio de que su figura sigue marcando la agenda internacional:
firma paz donde no ganó, presiona donde quiere imponer orden y se proyecta como árbitro de la política regional.


Mientras, México vive entre la fiesta mundialista, la campaña electoral y el luto por sus autoridades asesinadas.

 

A sus 80 años, Trump no solo sigue en el juego. Sigue moviendo las piezas.


Y el hemisferio entero tiembla cada vez que mueve una.

 

eab_elya@yahoo.com.mx
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