
HIJOS DEL PODER BAJO JUICIO
EN NORUEGA Y BRASIL
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En un hecho poco común pero significativo para la percepción global de la justicia, dos países con sistemas políticos y culturas radicalmente distintos —Noruega y Brasil— vivieron esta semana fallos judiciales que involucran a los hijos de figuras de altísimo perfil. Ambos casos coinciden en un mensaje contundente: el parentesco con el poder no garantiza inmunidad.
En Noruega, la corte declaró culpable de dos violaciones a Marius Borg Høiby, hijo de la princesa heredera Mette-Marit, absolviéndolo de otras dos acusaciones. El proceso, seguido con atención por la prensa europea, ha sacudido a la monarquía de uno de los países con mayor confianza institucional del mundo. La familia real, tradicionalmente reservada, enfrenta ahora un escrutinio inusual sobre la conducta de uno de sus miembros más visibles fuera del protocolo oficial.
Mientras tanto, en Brasil, la Corte Suprema condenó en ausencia al exdiputado Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, por intentar promover sanciones de Estados Unidos contra Brasil con el fin de influir en un juicio por presunto golpismo contra su padre. La sentencia se suma a una larga lista de procesos judiciales que rodean al expresidente y a su círculo cercano, en un país donde la polarización política ha tensado al máximo la relación entre instituciones y ciudadanía.
Aunque los casos no guardan relación entre sí, ambos comparten un elemento central: la justicia actuó pese al peso político, social o simbólico de los acusados. En Noruega, un país con una monarquía constitucional respetada; en Brasil, una república marcada por disputas de poder y procesos judiciales de alto impacto.
Para analistas internacionales, estos fallos envían un mensaje relevante en tiempos de desconfianza global hacia las instituciones:
la ley puede —y debe— alcanzar incluso a quienes nacen o crecen cerca del poder.
Junio 17, 2026 |